ANARQUÍA ANARQUISMO

Dando vueltas a la anarquía

Leí hace poco un libro en el que David Graeber1 entabla un diálogo sobre la «anarquía» con Mehdi Belhaj Kacem, Nika Dubrosvsky y Assia Turquier-Zauberman. Es un libro con profundidad pero, a la vez, sencillo de leer por el dinamismo que le confiere el formato de diálogo.

No quiero hacer una síntesis de las ideas del libro sino que voy a resaltar aquello que a mí me ha gustado más, por tanto, opto por la subjetividad pura y dura.

Anarquismo:

Hace mucho que sé que el anarquismo es muy diferente al marxismo.

No está impulsado por pensadores heroicos que analizan todo elaborando una teoría a partir de la cual actuar. Al contrario, gran parte de la práctica anarquista gira en torno a un cierto principio dialógico.

Y resulta que la neurociencia ha demostrado que el pensamiento real es casi totalmente dialógico y no como dice Descartes que empieza con el individuo autoconsciente y solo después se pregunta cómo es que este puede relacionarse comunicativamente con otros individuos.

El anarquismo es una comunidad de propósito sin una comunidad de definición. Hoy la política es lo contrario, se supone que todos debemos estar de acuerdo en lo que es la realidad, para luego enfrentarnos porque carecemos de un propósito común o tenemos identidades e intereses contradictorios

Marxismo (una buena razón por la que no soy marxista)

El marxismo se condenó a sí mismo al adoptar una definición extremadamente patriarcal (y machista) del trabajo. Al fin y al cabo, la mayor parte del trabajo no es «productivo» en sentido literal; consiste en cuidar, limpiar, transportar, atender, repasar, organizar, mantener cosas (personas, animales, plantas…). «Produces» una taza, la lavas mil veces. Todo eso se deja de lado en la formulación marxista clásica, se descarta como trabajo de mujeres.

La ética feminista del cuidado

Es clave para alimentar la ética feminista del cuidado partir de una preocupación por lo particular: esta persona, este problema, este paisaje o ecosistema que queremos preservar, y luego se introducen principios universales -la razón, la justicia, la no violencia- para apoyar ese compromiso inicial. Lo general se introduce para servir a los fines de lo particular, en lugar de que lo particular se considere generado por las generalidades. 

El cuidado y la libertad se pueden considerar como base de la economía política. Como suelen señalar economistas feministas cualquier acción económica puede considerarse un trabajo de cuidado. El elemento de libertad es clave porque no se trata de cuidado si te aprisiona, por tanto, cuidado es cualquier acción destinada a mantener o aumentar la libertad de otra persona.

Y tres perlas

1ª En un proceso basado en el consenso, no se intenta que las personas lleguen a una definición común de la realidad. No se busca la uniformidad ideológica.

2ª El problema está en lo que te han enseñado a pensar como posible.
3ª Los juegos justos son solo aquellos en los que todas las reglas están claras.

En el libro hay mucho más, por ejemplo:

La combinación de juego y libertad.

El tema de reglas y procesos.

Para acabar (y esto es opinión personal)

La anarquía da mucho juego siempre y cuando no se la quiera constreñir dentro de teorías (peor si son trasnochadas), dentro de «la» organización anarquista, dentro de revueltas modelizadas con su táctica y estrategia como si fuera un pack completo, etc.

Laura Vicente

  1. David Graeber (2025): Anarquía, qué si no. Un diálogo. Bauplan. Seriecero ↩︎

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