Como creo que ya he manifestado en alguna de estas magníficas columnas que pongo negro sobre blanco, tengo la (no siempre) sana costumbre de leer y escuchar a gente de todo pelaje. Sé que es una botarate tendencia del ser humano la de solo atender a lo que pueda confirmar sus creencias, pero no es mi caso. Precisamente, como uno es un lúcido ácrata de tendencias nihilistas, se deja guiar por su curiosidad, escepticismo, crítica e incredulidad para ir dando forma a un pensamiento exento de dogmas, ya que el compromiso con los valores, quizá de forma solo aparentemente paradójica, se muestra más sólido desde posiciones no absolutistas y enarbolando una pequeña bandera (figurada, of course!) nihilista. Y, por mucha tabarra que nos den algunos, la historia y el pensamiento ayudan sobremanera a llegar a estas conclusiones. El caso que los intelectuales reaccionarios (valga el oxímoron), vertiente católica, son muy, muy pesaditos nombrando hasta el hastío al escritor y filósofo Chesterton. A este fulano se la atribuye una frase, que sus seguidores fundamentalistas no dejan de repetir hasta la saciedad con orgullo algo estólido; algo así como que, si el ser humano deja de creer en Dios, acaba creyendo en cualquier cosa.
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La multirreincidencia
Así comienzo el rollo: El Pleno del Congreso de los Diputados, en su sesión del día 12 de febrero de 20261, ha aprobado la Ley Orgánica de multirreincidencia y bla bla bla que apesta como un montón de estiércol puro en estado de descomposición en una alcantarilla debajo de un matadero industrial.
La Ley ha tenido consenso y apoyo transversal desde el PSOE, al PP, VOX, UPN y Junts. Junts per Catalunya ha sido el impulsor de la reforma del código penal. ERC se abstuvo. La izquierda hizo reproches y votó en contra (36 diputados/as).
¿Cuál es el contenido de la Ley? Por resumir, se castiga con penas de prisión el hurto reiterado, no importa su cuantía, a partir del tercero que hagas. Teléfonos móviles, robar gallinas, unas bragas en Carrefour…, a la tercera, si te trincan, vas a la ergástula de 6 a 18 meses. Fuera aparte hay agravantes en determinados chismes para los multirreincidentes: hurtos de ordenadores, móviles, y en explotaciones agrícolas: de 1 a 3 años de prisión.
Seguir leyendo La multirreincidenciaA vueltas sobre la «izquierda», la»derecha» y los anarquismos
Resulta curioso (y alarmante) cómo algo evidente, el hecho de que los conceptos políticos de «izquierda» y «derecha» necesitan una urgente actualización, resulta utilizado por algunos para justificar su propia visión de lo que es correcto. Y no me refiero a esos botarates que aseguran ser de «centro», algo todavía más inextricable que las dos polarizaciones mencionadas, solo para evidenciar sin vergüenza alguna su absoluto desconocimiento político. La otra versión sería aquellos que dicen ser apolíticos, un despropósito aún mayor, aunque podría ser comprensible que esté fundado en el hartazgo de la clase política de uno u otro pelaje. Pero, disculpad que me vaya por las ramas debido a mi habitual avidez para la argumentación lúcida, y vuelvo a lo expuesto en primer lugar. Efectivamente, hay quien utiliza la muy obvia crisis conceptual de lo que tradicionalmente entendemos por izquierda y derecha para llevar las cosas a su terreno. Como ha sido la izquierda la que ha usado en la modernidad propuestas de progreso, y por supuesto de transformación social, más claras, pues la argumentación posmoderna suele estar al servicio de justificar el estado de las cosas (léase, especialmente, el sistema capitalista). Sin embargo, a pesar de la realidad que quieren poner frente a los ojos del vulgo, poniendo como ejemplo de izquierda a lo que sostienen figuras actuales de este inefable país como Pedro Sánchez, Yolanda Díaz o Pablo Iglesias, o reduciendo las propuestas al fracaso del socialismo de Estado (en todas sus vertientes), por supuesto, la cosa es mucho más compleja. En realidad, tampoco era tan simple en el desarrollo de la modernidad, ya que puede hablarse de izquierdas en plural e incluso también de derechas, aunque quizá en este último caso el asunto es menos complicado. Valga como ejemplo que algunas voces mediáticas, con cierta resonancia, dicen ser de derechas solo por no ser de izquierdas, siendo esto último algo que identifican con la falta de esfuerzo económico o algo así (creo que apuestan por eso que llaman meritocracia). Llegamos entonces, al menos en este inenarrable país, a la cuestión del liberalismo (ya sabéis, iniciativa privada, mercado supuestamente libre…) y a su acaparación del concepto de libertad.
Seguir leyendo A vueltas sobre la «izquierda», la»derecha» y los anarquismosSobre liberalismo, neoliberalismo e, incluso, socialdemocracia
Lo del liberalismo, lo siento, pero me sigue provocando ardores de estómago. Hay quien opina, y puede que tenga razón, que lo extraño a la hora de darle un contenido político coherente a la filosofía liberal, es lo que se produce en este indescriptible país denominado España. Es decir, si el término liberal se asocia en ciertos países inequívocamente al «progresismo», en otros va vinculado a posiciones abiertamente derechistas. Y eso, en este bendito país, que sufrimos de una diestra de lo más repulsiva y casposa, supone que hasta la carcunda que forma Vox abraze el liberalismo sin pudor alguno (por supuesto, solo en cuestiones supuestamente económicas). Y a eso voy, que en este inefable país parece que uno no puede hablar bien de gran parte de la filosofía liberal, y yo lo hago entendiendo, claro, que todo ello conduce hacia la visión libertaria, sin que le vinculen con fuerzas políticas que poco o nada tienen que ver con el liberalismo; con su parte buena al menos, que yo entiendo como progreso y libertad, soy así de ingenuo. Y, libertad, amigos míos, poco o nada significa sin otros conceptos reinvidicados por el anarquismo como solidaridad y apoyo mutuo. Estas propuestas morales, imagino que causan risa a los que se dicen «liberales» en este santo país, ya que ellos solo insisten de forma pertinaz en un sistema económico que conduce a la indigencia a gran parte de la población mundial. Precisamente, para estos «liberales puros», que tanto reivindican la visión clásica, lo cual puede dar una idea de lo reaccionario de sus postulados, resulta anatema el llamado «neoliberalismo». Y, supongo que con más deshonestidad que ignorancia, rechazan el término porque consideran precisamente que solo hay un hilo conductor en el liberalismo que conduce desde el siglo XVII hasta nuestros días; lo cual, insisto, da una idea de la extrema simpleza reaccionaria de la filosofía de unos fulanos, que aseguran hablar en nombre de la libertad.
Seguir leyendo Sobre liberalismo, neoliberalismo e, incluso, socialdemocraciaPandora en el Kurdistán
A Pandora le empujó la curiosidad a destapar el ánfora que encerraba todos los males que desde entonces asolan la humanidad. Eso fue el pasado. Hoy, a Pandora, le mueve la más elemental de las imbecilidades. Saturada de todos los mensajes que le llegan por las redes sociales más simplonas: una suerte de mensajes de odio, de propuestas execrables, de afirmaciones sin contrastar… presa de un sentimiento de frustración ante tanta volatilidad informativa, deseosa de experiencias nuevas, Pandora, reniega de todo lo relacionado con los derechos humanos. Como la anciana que cree que por mascar chicle rejuvenece, Pandora busca refrescar su aliento en el sabor de las más rancias dictaduras.
Seguir leyendo Pandora en el KurdistánContinúa el esperpento monárquico
Este que sufrimos ya en la futurista fecha de 2026 es el autoproclamado gobierno más progresista de la historia, lo cual dice mucho seguramente de la capacidad que tiene cualquier gobierno para el progreso. La capacidad de este legislativo para aferrarse al poder es tal que uno de sus últimos movimientos ha sido desclasificar los documentos sobre el intento de golpe de Estado de febrero de 1981. La intención era, de cara a la galería, clarificar de una vez por todas qué ocurrió en aquello, quiénes eran los implicados, y bla, bla, bla, aunque habría mucho que decir sobre la selección de lo que se ha querido sacar a la luz. Al parecer, el facherío, que siempre ha visto al antiguo monarca Juan Carlos como un traidor, ha querido seguir involucrándole en la intentona golpista; dicha desclasificación, seguramente por ser su intención principal de cara a ese horror llamado opinión pública, ha terminado por «limpiar» su nombre y restituirle como uno de los héroes de la Transición democrática. ¡Alucinemos, una vez más, con las acciones del gobierno ultramegaprogresista! Al margen de que el emérito estuviera o no implicado en aquello, vamos a presuponer que no, de acuerdo; de hecho, en continuidad con la transacción que fue el paso del franquismo a la democracia, asegurando el chiringuito a los que mandan, resulta dudoso que más allá de cuatro imbéciles la clase dirigente quisiera dar un paso atrás al respecto. Si no hubiera un proceso de clara involución intelectual, si gran parte del personal no tuviera sus capacidades cognitivas mermadas, si la memoria no ejerciera apenas ya su función y la honestidad brillara cada vez más por su ausencia, nos fijaríamos bien en lo que el llamado Juan Carlos I hizo y supone. ¡Vamos allá! Y, por favor, para los bodoques reaccionarios que lean esto, no me creáis a mí, activad las neuronas e investigad un poquito dejando a un lado vuestro lamentable imaginario social y político.
Seguir leyendo Continúa el esperpento monárquicoChomsky, el caso Epstein y el mundo en que vivimos
Andamos echándonos las manos a la cabeza con el descubrimiento de que Chomsky, el gran intelectual y no sé si ahora exreferente moral, tenía una estrecha relación con un tipo tan repulsivo como Jeffrey Epstein, del que se dice que era pedófilo, ultraderechista y muy probablemente agente al servicio del Estado de Israel, entre otras lindezas. Más adelante, trataré de incidir algo en el caso Epstein, del que se están difundiendo tantas bulos que ya resulta sospechoso si no es una estrategia para ocultar los muy reales crímenes que implican a demasiada gente poderosa. Pero, vayamos con Chomsky, que al parecer, tras un ictus severo hace pocos años, no puede en estos momentos defenderse de encubrimiento de los crímenes más repulsivos. Hay que decir que Chomsky, afirmo yo con nada modesta intención, pasará a la historia especialmente por su faceta de linguista y su teoría de la gramática generativa según la cual el ser humano posee una capacidad biológica para el lenguaje. En otras palabras, que es posible que tengamos una capacidad innata para el habla, lo cual desgraciadamente no garantiza siempre la lucidez y honestidad de las palabras. Bromas aparte, en otro espacio trataremos de venirnos arriba e indagar en lo que afirmó Chomsky y en sus controversias con, por ejemplo, Foucault en lo que se considera o no naturaleza humana. Dicho esto, vayamos con otras facetas de Noam Chomsky, como era la de analista político y reconocida figura de la izquierda más cercana al anarquismo. ¿Podemos considerar a Chomsky, sin más, ácrata? No soy yo nadie para dar o quitar identidades políticas, pero había ciertos hechos que me parecían algo decepcionantes. Y es que sus alabanzas en ciertos momentos a regímenes como los de Cuba o Venezuela, aunque posteriormente se desdijera, hacían poner la sospecha para alguien con una mínima crítica libertaria al poder y al evidente fracaso de las «revoluciones» hechas desde arriba. De hecho, uno de sus últimos libros es Sobre Cuba. 70 años de Revolución y lucha, que no he leído, pero cuyo título hace presagiar el intento de mantener intacto el mito de la revolución cubana frente a la agresión imperial estadounidense. Dejaré claro, adelantándome a ciertas críticas, que criminal me parece el bloqueo infligido a la isla por el gigante norteamericano, ahora agravado por el repulsivo Trump, lo mismo que criminal me parece el bloqueo que el régimen cubano lleva provocando a su población desde hace décadas.
Seguir leyendo Chomsky, el caso Epstein y el mundo en que vivimosDeconstruyendo altares: por un anarquismo sin gurús y sin compromisos con el poder
Liberto Herrera – ANA
La figura del gurú, del intelectual estrella o del «compañero de lucha» famoso es un veneno que corroe desde la raíz los principios del anarquismo. El caso de Noam Chomsky es la prueba fehaciente y vergonzosa de esta contradicción. Aquí tenemos a un hombre celebrado por sectores del movimiento como un faro libertario, mientras que en la práctica forjaba relaciones privilegiadas con multimillonarios como Epstein, acumulaba una fortuna millonaria bajo la gestión de esa misma élite que dice combatir y utilizaba su influencia para defender lo indefendible, desde negacionistas hasta regímenes autoritarios de izquierda. Esto no es un desliz, es la marca registrada de quien opera dentro de la lógica del poder, no contra ella. El anarquismo no necesita héroes en pedestales, necesita coherencia en las trincheras.
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El tiempo siempre atempera las pasiones, en este caso me refiero a las que producen las ideas y los proyectos de transformación. Quizás por eso, hoy me gusta más que en el pasado compartir, conversar, debatir, reflexionar y meditar sobre ideas y sobre agencias lo más situadas posible en la realidad, en la cotidianeidad, en las luchas, en la vida, en la experiencia…
Siempre que puedo me gusta practicar el ejercicio de dialogar, ese ejercicio de atención colectiva sin guion, ni algoritmo que organice. Cuando las conversaciones son en público e intervienen más de dos personas comprendo que hay que dejar espacio para que cada cual intervenga o guarde silencio. Es cierto que esta afirmación tiene una lectura de género difícil de revertir, a saber: que los hombres intervienen mucho y las mujeres guardan mucho silencio.
Seguir leyendo Dialogar o enjuiciarCulto a la personalidad y otros papanatismos
Desde que creo recordar, y no digo tampoco que mi memoria sea prodigiosa, he tenido una aversión manifiesta a toda clase del llamado culto a la personalidad. Incluso, he de aclararlo, dicho rechazo pienso que se producía antes de abrazar mi todavía joven yo, de manera lúcida, el anarquismo. Al menos a un nivel político, dicho concepto se manifiesta en forma de toda clase de halagos, elogios y el peloteo más deplorable hacia el considerado líder de un sistema, ideología y/o revolución (palabra mil veces pervertida por el autoritarismo y la subordinación). Más adelante, y de modo más inquietante para cualquier naturaleza mínimamente libertaria, veremos que el mecanismo no es exclusivo de regímenes totalitarios o explícitamente autoritarios. No obstante, como resulta evidente, es en esta clase de sistemas donde de forma más clara, grotesca y patética se desarrolla a través de una serie de técnicas, propagandas y manipulaciones diversas. Esta suerte de papanatismo extremo a menudo se confunde con el mero patriotismo que tanto inculcan desde la cúspide de las pirámides nacionales, y con el intencionado reforzamiento de un determinado régimen, sustentado en esa abstracción perniciosa llamada nación, vendido como benévolo. Vamos acotando un poco más, ya que podemos comprobar con este último razonamiento que el repulsivo fenómeno no se limita a ciertos regímenes donde la represión es clara, ya que se fomenta la sumisión en la cabeza visible del líder, pero hay otros rasgos que también se producen en otro tipo de sistemas aparentemente democráticos y liberales. Mucho tiene que ver ese pueril, crédulo, bobalicón y pazguato culto a determinadas personalidades con la aceptación acrítica de la autoridad y con la idea de las diferencias de clase o de cualquier otra índole en las sociedades humanas. Veamos si me explico con detalle antes de que salten los bodoques habituales. En primer lugar, no se niega en absoluto la valía de ciertas personalidades, en el campo de la actividad humana que sea, pero hay que insistir en que a menudo ese empeño está directamente relacionado con el trabajo colectivo de muchos otros. Tal vez, aceptando eso, podamos empezar a comprender dos cuestiones que deberían resultar obvias: una, que no es posible elevar a los altares sin más a un solo individuo, ni siquiera en un único ámbito; otra, que no existe nadie totalmente inmaculado, y mucho menos a nivel moral, que a la postre resulte inmune a todo forma de crítica.
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