En Argentina, desde su fundación, el poder —estatal, oligárquico y a veces abiertamente fascista— ensaya una y otra vez la misma coreografía: cometer el crimen, borrar la escena y silenciar a quienes la narran. Así se construyó la fortuna de terratenientes y patrones; así se persiguió a quienes pusieron nombre a los fusilados. Lo sabemos por las Madres de Plaza de Mayo, testigos incómodas de una verdad que no prescribe, y lo confirma el caso que nos convoca: Osvaldo Bayer, historiador anarquista cuya memoria fue atacada el pasado 25 de marzo por una topadora que quiso convertir en escombros lo que su gente había levantado.
Este texto narra esa doble escena: la del borrado y la de la respuesta. Primero, el golpe seco de la máquina; después, la reconstrucción como práctica común de resistencia. Lo que sigue es la crónica de ese gesto y de su contraescena.
En los últimos años hemos asistido a un auténtico boom de los superhéroes, que se ha traducido sobre todo en el estreno constante de taquillazos cinematográficos, pero también en la proliferación de series, videojuegos, y la plaga omnipresente del merchandising. Es probable, sin embargo, que el éxito en taquillas no sea proporcional a su verdadera repercusión social, mucho más modesta en la actualidad que aquella de la que gozaron los héroes de tebeo en otros momentos históricos. A menos que tomemos en consideración la influencia que los superhéroes ejercen sobre ciertos tecnomagnates con delirios de grandeza, que dicen sentirse inspirados por personajes del universo de las capas y los antifaces. Cualquiera que sea el caso, resulta evidente que esta nueva fiebre superheroica cabalga sobre los productos audiovisuales, especialmente en aquellos provenientes de las casas editoriales Marvel y DC comics, que por un lado siguen explotando hasta la extenuación a las franquicias insignia de sus respectivos universos, y por el otro han sabido exhumar personajes de segunda línea que parecían condenados al olvido universal.
En España, sabemos mucho sobre la falta de memoria (mejor dicho, sobre la perversión de la memoria) y sobre las justificaciones a golpes de Estado y, de manera directa o indirecta, también a una dictadura. Argentina hoy está gobernada por gente inicua, encabezada por ese esperpento que es Javier Milei, que como ocurre también aquí con algunos elementos, de manera más clara si se quiere, justifican en aquel caso el régimen dictatorial de Videla, demonizando a toda izquierda, y negando la represión. Y aclararé que esto no va de disputas ideológicas (resulta agotadora esa estúpida polarización), en el caso de cierta izquierda es muy reprobable que no condene, o que también justifique, regímenes dictatoriales construidos en nombre del socialismo; esta vez nos referimos al caso de la derecha, y dentro de la misma yo solo respeto a aquellos que condenan los golpes y las dictaduras de Franco, de Pinochet o de Videla como atentados contra los derechos humanos. Tan sencillo como eso y, desgraciadamente, no se da muy a menudo.
El título de la historia que se narra en Stein (Piedra) tiene un sentido poliédrico porque es el nombre de alguien que pudo existir, o no, pero que tiene un gran protagonismo en este libro ilustrado (o cómic) y, a la vez, significa piedra que es algo perdurable, mucho más que la propia memoria, protagonista también de este libro.
El desarrollo de la lucha obrera en América Latina ha tenido una naturaleza singular marcada por los procesos de decolonialidad, primeramente tras la independencia de España y Portugal, y luego marcada por las resistencias frente a la nueva metrópoli colonizadora del continente: los Estados Unidos. En este artículo hablaremos de un suceso protagonizado por el movimiento obrero de Argentina del cual se ha cumplido el centenario en este año, una huelga de trabajadores en la actual provincia de Santa Cruz que llevó a un enfrentamiento directo con los soldados argentinos durante el año 1921; se trata de la lucha en la Patagonia Rebelde. La inusitada represión del teniente coronel Héctor Benigno Varela enviado por el presidente Hipólito Yrigoyen supuso el asesinato de 1.500 obreros argentinos.
Como muchos saben, el 1 de agosto del 2017 desapareció Santiago Maldonado en el marco de un allanamiento ilegal por parte de Gendarmería en el Pu Lof Cushamen donde la comunidad mapuche resiste la embestida del Estado y los empresarios sobre sus territorios ancestrales. Santiago, compañero anarquista, estaba acompañando solidariamente a los miembros de la comunidad en un Seguir leyendo Comunicado de la Federación Libertaria Argentina→
El 1 de agosto de 2017 Santiago Maldonado se encontraba apoyando una protesta de la comunidad mapuche de Cushamen, en la provincia del Chubut, por la liberación del preso político Facundo Jones Huala. La Gendarmería argentina dispersó la protesta, persiguió a los manifestantes dentro de las tierras de la comunidad hasta llegar a un río, donde pudieron escapar, salvo Santiago. Seguir leyendo Represión en Argentina→
“Anarquista es, por definición, aquél que no quiere estar oprimido y no quiere ser opresor; aquél que quiere el máximo bienestar, la máxima libertad, el máximo desarrollo posible para todos los seres humanos”. Errico Malatesta
Puede resultar paradójico entrevistar en este momento al historiador, periodista y autor de La Patagonia rebelde, Severino Di Giovanni y Los anarquistas expropiadores. Pero, ¿qué mejor que entrevistar a un anarquista para hablar de estas elecciones? Porque Osvaldo Bayer sigue partiendo de la misma certeza de siempre: que la humanidad sólo tiene futuro en un mundo socialista y libertario.
Repasamos una entrevista al sociólogo argentino Christian Ferrer en febrero de 2005, publicada en el diario argentino Página 12 en el contexto de la publicación del conocido libro “Cabezas de Tormenta: ensayos sobre lo ingobernable” (Anarres, 2004).
Un espacio en la red para el anarquismo (o, mejor dicho, para los anarquismos), con especial atención para el escepticismo, la crítica, el librepensamiento y la filosofía en general