Archivo de la etiqueta: Memoria Histórica

Jesucristo expulsando a los mercaderes del templo

Abandono del cristianismo

Según datos de los últimos años, España está a la cabeza en cuanto a abandono del cristianismo. Ese abandono de la religión en la edad adulta, no es un caso raro en la Europa Occidental, aunque más bien se produce el caso inverso en los países del este. Si echamos un vistazo a la convulsa historia contemporánea de este país, si en un momento pareció apartarse el cristianismo y la religión en general, luego llegó lo que llegó, cuatro décadas de dictadura en la que se primó el catolicismo como impuesta identidad nacional. Hoy, aunque en claro retroceso, todavía existe esa identificación, por parte de una número considerable de gente, de la nacionalidad española con la religión católica. Los fundamentalistas, y empleo esta palabra en sentido lato como algo inherente de forma obvia a la identidad religiosa, consideran esta situación de abandono de la creencia como un síntoma de la falta de valores, seguramente también como falta de unidad de la patria fundamentanda en esa dogmática identidad nacional e, incluso, con tono ya irrisoriamente apocalípticio con el desmoronamiento de la civilización. Unas líneas más abajo, entraremos en esa controversia entre esa supuesta falta de valores y, tal y como también puede entenderse, una lógica concepción del progreso en el que se deja atrás el dogma religioso. Primero, habría que señalar lo que parece una evidente correlación entre la creencia religiosa y ciertos regímenes autoritarios en los que se impone o se reprime.

Sigue leyendo

La compleja guerra civil española

Vaya por delante que lamento el temprano fallecimiento de la escritora Almudena Grandes. Dicho esto, me resultan inevitables unas reflexiones sobre su visión de la guerra civil, y por extensión sobre su imaginario político; no por una cuestión personal, y ni siquiera por poner en cuestión su calidad literaria, sino por resultarme dicha visión harto peculiar y ser el conflicto de una enorme complejidad, que llega hasta nuestros días de forma irresoluble y que siempre acaba por sorprender. Aclaro, también, que todos tenemos simpatías, las mías son los libertarias, aunque trato de mantenerlas lejos de idealización ni maqueísmo algunos; las de Grandes parecía estar netamente con los comunistas oficiales, dedicando gran parte de su obra a su memoria. Era así hasta el punto que no parecía tener fisuras su admiración por Juan Negrín, último presidente gubernamental de la República durante el conflicto, muy vinculado a los comunistas; efectivamente, Negrín ha sido ensalzado o demonizado, esto último por parte de la propaganda reaccionaria, pero también desde el bando republicano por su supuesta sumisión a la URSS, junto a su obcecación en extender una guerra ya perdida con el consecuente sacrificio de más vidas. Una muestra de la complejidad del conflicto con los enfrentamientos dentro del mismo bando republicano compuesto por muchas tendencias, por lo que difícilmente podemos observarlo de forma simplista y maniquea. Volvamos a Almudena Grandes. Por una parte, la escritora consideraba que, tras la muerte del dictador Franco, tenía que haberse restaurado la democracia en base a su propia tradición; en otras palabras, sobre la memoria de la Segunda República y, hasta ahí, podemos estar de acuerdo, aunque siempre aceptando las limitaciones y fraudes de una democracia parlamentaria y supuestamente liberal, tanto ahora como en los años 30, que viene a suponer una forma amable de dominación. No obstante, recordemos que los terribles anarquistas, tras el alzamiento militar, se lanzaron a combatirlo situándose al lado de los que defendían el sistema republicano e incluso terminaron por participar en sus instituciones. No obstante, nunca diría que los libertarios eran partidarios de esa forma de Estado que era la república, ni por supuesto tampoco de la democracia representativa, más allá de circunstancias históricas muy concretas, que les obligaron a combatir el fascismo de la forma más razonable y pragmática.

Sigue leyendo
El activista Octavio Alberola participa en las XVIII Jornadas Libertarias de CGT-València

Enmiendas a la ley de memoria democrática. La última oportunidad…

Más allá de si la enmienda, a la Ley de Memoria Democrática propuesta por los socios del gobierno de coalición progresista para conseguir el apoyo o la a abstención de ERC, es solo “humo” -como lo afirma Xavier Rufián- o “la vía más clara para conseguirlo” -como lo pretende Enrique Santiago, secretario de Estado- lo único que ha quedado claro es que esta enmienda, calificada de “ultima oportunidad para hacer justicia en España” por uno de sus promotores (1), “no cambia nada”, como acaba de precisarlo el ministro de Presidencia, Relaciones con las Cortes y de Memoria Democrática Félix Bolaños (2).

Sigue leyendo
El activista Octavio Alberola participa en las XVIII Jornadas Libertarias de CGT-València

Sobre “Datos necesarios para la Memoria Histórica” 

Para “centrar el debate parlamentario entre los actuales herederos del centro derecha de UCD, y los del PSOE y PCE, siglas estas subsumidas en una coalición”, el catedrático emérito de Historia en la Universidad de Castilla-La Mancha, Juan Sisinio Pérez Garzón, ha publicado -en la sección Opinión de EL PAIS del 31 de octubre- un articulo, “Datos necesarios para la memoria histórica” (1), en el que pretende “refrescar datos”, sobre “el ya largo proceso de resarcimiento y dignificación de los republicanos fusilados y de los perseguidos por la dictadura”; pues, según él, esos datos son “políticamente necesarios para abordar las tareas pendientes con un conocimiento preciso de lo realizado hasta el momento, por más que sea incompleto”

Sigue leyendo

Los símbolos de la infamia

Uno se pregunta qué pueden pensar los trabajadores que, esta mañana, han repuesto la memoria del fascista Millán-Astray en forma de calle madrileña. Mejor no especular sobre la respuesta, dado el nivel de gran parte de la población. Al parecer, a los jueces de este país sin remedio les parece que el fundador de la Legión, admirador confeso de Hitler y Mussolini, amigo personal de Franco, nada tuvo que ver con aquel repulsivo golpe de Estado de 1936, que acabó desencadenando el sanguinario conflicto. No debe ser suficiente motivo que fuera este cruel fulano nada menos que jefe de la oficina de propaganda de los golpistas durante la Guerra Civil. Recordemos, por otra parte, que sigue el proyecto de erigir todo un impresionante monumento de homenaje a la Legión, uno de los cuerpos militares más infames de la historia de este indescriptible país, en plena Plaza de Oriente de Madrid. En un momento en el que se cuestiona, con toda razón, las estatuas a los pasados «gloriosos» de las naciones, en forma de conquistas, colonialismo y esclavitud, en España se homenajea a un general abiertamente fascista de todas las formas posibles. Y estamos hablando de una época contemporánea, no de tiempos lejanos, con su gran disrupción histórica, que todavía tiene visos de dar mucha guerra dada la derecha patria que padecemos.

Sigue leyendo

Arte (sumamente) reaccionario

No debería sorprender demasiado la llamada ofensiva ultrarreaccionaria concretado en el auge de una extrema derecha en este inefable país que, en realidad, siempre estuvo ahí desde aquella estafa denominada Transición. Hablamos, claro, de una sociedad española con una memoria histórica profundamente distorsionada por la victoria del llamado bando nacional, en una cruenta guerra civil iniciada por un intento de golpe de Estado de los facciosos, y una posterior dictadura de casi cuatro décadas; hechos más que evidentes para cualquiera que tenga bien oxigenado el cerebro, que no terminan de ser condenados por nuestra indescriptible derecha patria. Así, se proyecta colocar pasado este verano de 2021, si no podemos evitarlo, una impactante estatua de varios metros que homenajea el centenario de la Legión y su ubicación no parece casualidad: la céntrica Plaza de Oriente de Madrid; ese lugar que ha dado tantas alegrias a la ultraderecha patria. La impactante imagen elegida, ni siquiera han tenido la intención de maquillarla de modernidad “democrática”, algo que al menos hubiera dado lugar a otro debate, ya que no hay quien se trague eso de observar ahora las fuerzas armadas como colectivos bientencionados esforzados en misiones «humanitarias» en lejanas tierras.

Sigue leyendo
El activista Octavio Alberola participa en las XVIII Jornadas Libertarias de CGT-València

La Ley de Memoria Democrática y la infamia de víctimas de primera y de segunda

Tal como lo había anunciado el nuevo ministro de Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, Félix Bolaños, en una entrevista publicada el 18 de julio en el diario El País, el Consejo de Ministros de este martes 20 de julio ha aprobado el anteproyecto de Ley de Memoria Democrática que se debía aprobar en el Consejo de Ministros que siguió a la remodelación del Gobierno.

Sigue leyendo

Dislates históricos

En un reciente evento, con el ya inquietante nombre de «Concordia, Constitución y Patriotismo» y moderado nada menos que por el bodoque líder del Partido Popular, un fulano exministro en este inefable país afirmó que la Guerra Civil fue «el fracaso de todos los españoles» y llegó a decir que si hay un responsable de la sangrienta confrontación fue el régimen republicano. No contento con eso, continuó diciendo que no hubo en el 36 ningún golpe de Estado y que se joda la plana mayor de historiadores. El nombre al que respondé el autor de semejantes aseveraciones es Ignacio Camuñas, un tipo que tuvo un papel destacado durante el fraude que supuso la Transición española, que perteneció a la inefable Unión de Centro Democrático, que ya he dicho que fue ministro de no sé qué leches y que, atentos, fue también uno de los fundadores de la ultrareaccionaria fuerza Vox. Desconozco si este Camuñas es también un respetado y riguroso historiador como para afirmar de un modo tajante, histriónico diría yo, dirigido a un público preescolar, esos dislates a los que no tiene acostumbrados la derecha de este bendito país. Habitualmente, la cosa se elude o se suaviza aludiendo al conflicto como una guerra entre hermanos, como «algo que no debería volver a suceder», como que «perdieron todos los españoles», pero de vez en cuando nuestra inefable diestra se quita la careta y se le ve el plumero: la culpa fue de la izquierda.

Sigue leyendo

Calles franquistas

Recientemente, el Tribunal superior de Justicia de Madrid decidió mantener el nombre de esta calle, Caídos de la División Azul, perteneciente al madrileño barrio de Chamartín. Como es sabido, la Ley de Memoria Histórica, prohíbe toda simbología de exaltación de la Guerra Civil y de la dictadura franquista; aunque igualmente conocido es que el cumplimiento de esta normativa queda dentro de un gran margen de ambigüedad y que, es mi opinión, al fascismo se le combate con otro tipo de medidas culturalmente más profundas. Sea como fuere, el cambio de denominación de la vía, hecho a instancias de la administración anterior del Ayuntamiento, quedó frustrado tras haberse llevado el caso a los tribunales a instancias, al parecer, de familiares de aquellos españoles que combatieron en el ejército de la Alemania Nazi. El argumento para mantener el nombre es que nada tuvo que ver aquello con la Guerra Civil, ni al parecer con el franquismo, y es en realidad un bonito homenaje a aquellos «voluntarios» que decidieron luchar contra el comunismo al lado de, claro, los que ayudaron a Franco a ganar la guerra.

Sigue leyendo

Guerras civiles (y sociales)

Recientemente, ha habido varios episodios, en este indescriptible país llamado España, que bien merecen ser comentados, aunque no dejen de ser más de lo mismo. Uno de ellos lo protagonizó el líder de la muy repulsiva diestra hispana, el inefable Pablo Casado, que soltó en el Congreso nada menos que «la Guerra civil fue el enfrentamiento entre quienes quería la democracia sin ley y quienes querían la ley sin democracia». Las irritantes y disparatadas ocurrencias de unos conservadores que poco o nada tienen de auténticos liberales. Por supuesto, la obvia estrategia de Casado pasa por, una vez más, apelar a esa supuesta reconciliación entre españoles que supuso la muy fraudulenta Transición a una democracia, que al parecer sirve para que dialoguemos pacíficamente sin que asome la sombra de la España cainita. Por supuesto, mejor aludir a un enfrentamiento abstracto entre dos Españas, que a la lucha de clases pura y dura dentro de un país atrasado, cuyo colofón fue el golpe de Estado de los generales facciosos en nombre de una forma de fascismo, pero también de la tradición más casposa y de la defensa de las clases privilegiadas. La derrota de la dignidad y la victoria fascista tuvo como consecuencia cuatro décadas de dictadura férrea, que pasó por varias etapas, desde el totalitarismo con brazo en alto hasta, sin abandonar en absoluto los tintes autoritarios, una liberalización económica que supuso la falsa prosperidad económica en nombre del capitalismo.

Sigue leyendo