En la calle, mezclados para resistir a una infamia institucionalizada. Que desprecia y agrede a su pueblo, con cada medida. Y que después acusa a ese mismo pueblo de delincuente y terrorista. Y le manda a los tipos que apuntan. Al que dispara y mira a los ojos. Al que se ríe y disfruta. Más de 2.000 millones se gastaron en la represión de los miércoles en 2025. Mucha inversión para azotar a hombres y mujeres de más de 70.
El tipo apunta. Mira a los ojos cuando apunta. A la cara de aquel al que está midiendo.
El otro se ríe cuando apunta. Disfruta cuando dispara. Le encanta la adrenalina de salir a la calle a hacerlos correr. A esos que no tienen su sangre ni su piel. Que son otros, aunque después, en la vida pesada y escasa de todos los días, hasta se crucen en la calle, en la dura lucha de todos los días aunque sin el fierro contra el bastón, sin el gas contra la carrocería de los huesos flacos, sin el hidrante contra la consigna en la remera.
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