Archivo de la etiqueta: Guerra Civil Española

La revolución libertaria. Los anarquistas en la guerra civil española

la-revolucion-libertaria-heleno-sanaHeleno Saña:
La revolución libertaria. Los anarquistas en la guerra civil española
(Laetoli, Pamplona 2010) 428 páginas.

En el libro se narran los hechos que tuvieron lugar durante lo que los historiadores “oficiales” denominan “La guerra civil española”.
En mi opinión lo verdaderamente interesante de este trabajo es que los acontecimientos se cuentan con Seguir leyendo La revolución libertaria. Los anarquistas en la guerra civil española →

Cuatro lecturas recomendadas

perseguidosLos perseguidos.
La guerrilla libertaria cordobesa de los Jubiles
José Moreno Salazar

La guerra civil no terminó aquel aciago 1 de abril de 1939. No todo el mundo aceptó la derrota, y muchos que no tenían ante sí mejor perspectiva que la cárcel, los campos de trabajo o el pelotón de fusilamiento, continuaron la guerra por su cuenta, desechando la huida al extranjero. Esos fueron “los perseguidos”. José Moreno Seguir leyendo Cuatro lecturas recomendadas →

Fotogramas ácratas: cine y creación libertaria

“El cine no es un arte de escolares, sino de iletrados, y la cultura fílmica no es análisis, es agitación de la mente. Las películas nacieron de las ferias de pueblo y de los circos, no del arte y del academicismo”.
– Werner Herzog

La vieja anécdota que nos cuenta Rudolf Rocker cuando tuvo la oportunidad de conocer a Élisée Reclus, nos revela una temprana relación entre el anarquismo y los inventos ópticos: Paul Anhaüser, Seguir leyendo Fotogramas ácratas: cine y creación libertaria →

Guerra y anarquismo. Durruti y el laberinto bélico

Muchas veces, los anarquistas han criticado el culto a la personalidad común a las dictaduras de signo diverso, pero coincidentes en la exaltación paroxística del jefe. Si “Mussolini siempre tiene razón” era el eslogan que identificaba en el Duce al régimen fascista, otras frases similares rodeaban a las figuras de Hitler o de Stalin. Seguir leyendo Guerra y anarquismo. Durruti y el laberinto bélico →