«Vivir una vida feminista es convertirlo todo en algo cuestionable. La cuestión de cómo se vive una vida feminista está viva como cuestión y es una cuestión de vida». (Ahmed, 2018: 16)
Entre todas las obligaciones que han sido tradicionalmente asignadas a las mujeres, emerge, en nuestros días, un nuevo imperativo: la mujer se vuelve eternamente responsable de hablar sobre feminismo. Sucede así que, si no habla de ello entonces, y solo entonces, su voz no es tan relevante o no tiene tanta conciencia de mundo. Sucede así que el lugar desde donde habla la mujer siempre está marcado por su género y que su conciencia ya ha de estar determinada por esta posición. Esta dicotomía es tan real como injusta.
Redes Libertarias es un colectivo que forma parte del espacio libertario y anarquista. Se formó en 2023 con personas de diversos territorios dentro del Estado español. Es un colectivo de afinidad puesto que lo que nos une es la afinidad respecto a ideas y prácticas, eso no significa total homogeneidad puesto que tenemos diferencias que aceptamos como elemento positivo.
Redes Libertarias engloba en su proyecto una revista en papel semestral (hemos publicado seis números) y una página web que publica diariamente. Además, estamos empeñadas en construir redes de afinidad con otros colectivos para colaborar de formas diversas y una red para el debate puesto que pensamos que el anarquismo y lo libertario del siglo XXI debe reflexionar sobre muchos temas de la actualidad que nos rodea.
Esta es la tremenda pregunta que se hace Manon Garcia y que no me ha quedado más remedio que hacer mía leyendo este libro.
Durante cuatro semanas, Hannah Arendt pudo asistir al proceso de Eichmann en Jerusalén y de esa «experiencia» publicó un libro[1] muy perturbador. Manon Garcia también asistió durante casi cuatro semanas al llamado «juicio Pelicot», este libro es su reflexión no menos perturbadora. Garcia no ha caído en hacer un paralelismo con la obra de Arendt aun cuando podríamos afirmar que piensa el mal de la violencia de género y resulta imposible no sentirnos concernidas, afectadas.
Pocas mujeres1 durante la II República, la Guerra Civil y la lucha antifranquista tuvieron una actividad y militancia dentro del anarquismo por sí mismas (una parte importante de ellas estuvieron dentro del proyecto de Mujeres Libres). La mayoría de las mujeres fueron anarquistas o libertarias por conexión familiar, porque eran anarquistas sus padres, hermanos, compañeros e hijos (sería el caso de Presen Carrasquer). Muchos de sus nombres ni siquiera se conocen porque siempre se nombraban por su relación familiar con ellos que eran los protagonistas.
Alejandra García Castro Comunicadora social, integrante de Mujeres Creando
Desde hace 19 años, la Virgen de los Deseos es la casa que funciona como sede del movimiento feminista anarquista Mujeres Creando. Tener un espacio físico para un movimiento social es fundamental, más aún si esto le permite ser autogestionario. Ese rincón donde se gestan sueños se encuentra en la zona de Sopocachi, en La Paz, Bolivia.
Cabreada1 con lo que ha ocurrido en el PSOE en los casos de acoso (laboral y/o sexual) dentro del propio partido. Enfadada con ese me too que parece que se ha detenido (o lo han detenido). Si las personas afines al PSOE se consuelan porque la derecha también parece participar de la epidemia, esto no avanzará o lo hará muy lentamente. Me ocurre lo que, a Pascal Bruckner en el magnífico El buen hijo, que siendo de izquierdas (confieso que cada vez me gusta menos esa manoseada etiqueta), «las únicas estupideces que me indignan son las de la izquierda, las demás me dejan indiferente». Aunque, como ya he dicho, estoy tentada de desertar, prefiero pensar contra mi propio campo y minarlo desde dentro.
Leyendo algunos libros recientes que hablan de la vida y de la belleza compruebo que tienen, entre otros referentes a Emma Goldman. Eso me hace recordar el librito del que soy autora: Emma Goldman. La unión apasionada de pensamiento y vida.Un libro ilustrado por Agustín Comotto; de ese libro son las ilustraciones de este texto que es un fragmento del apartado sobre «Su vida» y que reproduzco a continuación.
A principios del siglo XX y en el contexto de la Revolución mexicana, numerosas mujeres libertarias lucharon por un cambio social y se enfrentaron al estado mexicano. Tuvieron diversas formas de rebeldía que iban desde peculiares temas y maneras de escribir, hasta medios precisos de combinar la lucha con las tareas domésticas cotidianas asumidas por ellas como propias. Una vía para empezar a conocerlas es leyendo sus notas en periódicos y revistas. Más allá de sus artículos de denuncia hacia los regímenes de entonces, ¿qué sería lo específico de sus luchas y de sus textos? ¿Cómo entender que en los albores del siglo pasado hayan participado muchas mujeres dentro de los antecedentes del proyecto más radical de la Revolución de 1910? ¿Cómo explicarnos que, al heredar ideologías progresistas, liberales y decimonónicas, pero aún en un ambiente de conservadurismo hacia el sexo femenino, estas luchadoras pudieron dar un gran salto y volverse las mujeres más extremistas, o por lo menos las más radicales en los inicios del siglo XX mexicano? ¿Quiénes eran estas “magonistas”? —mote con el que no estaban de acuerdo—, son algunas de las muchas preguntas que podemos hacernos al entrar en contacto con sus artículos periodísticos —como una vía para acercarse a ellas— que se van tornando más arrojados conforme se vuelven insoportables las condiciones de explotación, persecución y represión de los gobiernos de esa época.
He escrito y he hablado mucho sobre Teresa Claramunt Creus (TC), en los últimos años algo menos. Mi libro sobre esta mujer tan apasionante salió a la calle en 2006 publicado por la Fundación Anselmo Lorenzo, pronto hará veinte años. Diecinueve años son muchos años y seguramente ahora rectificaría algunas cosas de ese libro, pero nada sustancial. Aquella investigación marcó mi manera de acercarme a la historia y la vida de esta sindicalista, feminista y anarquista sigue muy presente en mí. Escribí en mi último texto que un acontecimiento lo es desde nuestra mirada, que no está en la cosa en sí, esta mujer es un ejemplo de tal afirmación.
Existe una sensación, con sustento real en algunos países, de catástrofe, de que los derechos conseguidos pueden retroceder e incluso desaparecer. No digo que los derechos no estén en peligro, pero creo que debemos abandonar esa visión catastrofista y enfocar bien dicho peligro y, sobre todo, cómo afrontarlo1.
Un espacio en la red para el anarquismo (o, mejor dicho, para los anarquismos), con especial atención para el escepticismo, la crítica, el librepensamiento y la filosofía en general