Archivo de la categoría: Anarquismo en la historia

Pensar el materialismo anárquico

I. Introducción: Hablar de la cosa misma

Podríamos quedar para hablar de Platón y sus teorías sobre el mejor gobierno, podríamos entonces leer y comentar la tesis de los filósofos-reyes de la República, luego leeríamos El Político, donde habría cambiado y sostiene que el gobernante es un hombre común y no un sabio, para terminar, leyendo Las Leyes, donde volvió a cambiar y ya defiende que no han de gobernar los seres humanos sino las leyes, porque tienen algo de divino. Leeríamos y comentaríamos entonces tres diálogos, dos de ellos sus más extensos, unas 2.000 páginas quizás en total, viendo como a lo largo del tiempo el filósofo cambiaba de opinión. Y aun después de eso no habríamos empezado a hablar de la cosa misma, es decir, sobre cuál sea el mejor gobierno que podamos nosotros pensar.

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Redes Libertarias entrevista al CIRA de Marsella

Sabemos que el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Anarquismo (CIRA) Marsella fue creado en 1965 como una sucursal del Centro de Ginebra. ¿Cuáles eran sus objetivos al fundar este Centro?

En 1965, el historiador René Bianco (1941-2005) creó el CIRA de Marsella. Frecuentaba desde algún tiempo el CIRA de Ginebra (que luego se trasladará a Lausana). Enviaba a Suiza todo lo que encontraba. Después de un cierto tiempo, tenía numerosos documentos duplicados. Decidió entonces, con algunos compañeros, crear un CIRA en Marsella. Su objetivo era salvar todos los documentos anarquistas y evitar que las familias de los compañeros los tiren a la basura cuando sus padres habían fallecido.

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El Centro Internacional de Investigación sobre el Anarquismo de Marsella

El CIRA (en sus siglas en francés) fue fundado en Marsella en 1965 por un puñado de activistas anarquistas entre los que se encontraba René Bianco (1941-2005).

Originalmente era una sucursal del CIRA de Lausana, fundado en 1957. Luego el CIRA de Marsella se hizo autónomo.

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Luigi y Luce Fabbri, dos generaciones de personas libres

«La anarquía, en el significado más amplio de la palabra, es realizable siempre, con diversidad de grado, y se realiza tanto más cuanto menos se contenta uno con la realidad ya adquirida», así se expresaba Luigi Fabbri para tratar de alentar a las personas de su entorno en un pésimo momento, después del primer gran conflicto bélico en el siglo XX. Fabbri (1877-1935), como tantos anarquistas, tuvo múltiples facetas a lo largo de su vida para contribuir al ideal, principalmente la de escritor y educador, además de ser un incansable militante; fue un habitual colaborador de la prensa anarquista en Europa y, también más tarde, en Sudamérica: director de Umanità Nova, coeditor de L’Agitazione, colaborador de Universitá popolare… Muy joven, conoció las prisiones italianas, en las cuales pasará muchos años, como tantos otros militantes anarquistas. En diversos momentos de su vida, se negó a asumir el papel de líder revolucionario manteniéndose con ello fiel a sus ideas libertarias. Desde 1897, año en que conoció a Malatesta, le unió a él una gran amistad y una confluencia de pensamiento dedicando una de sus últimas gran obras al estudio de la vida y las ideas del que llamaba su maestro. De hecho, al parecer, el propio Fabbri se consideraba un divulgador del pensamiento malatestiano, aunque hay quien le considera un pensador original distanciado de su maestro en algunos aspectos. Ambos, en cualquier caso, tras vivir el fascismo, el nazismo y la deriva de la Revolución rusa, les unió una repugnancia sobre los medios violentos, los cuales identificaban con la metodología autoritaria. A partir de 1922, con el ascenso del fascismo en Italia, la situación para los anarquistas fue muy complicada; en 1926, se obligó a los docentes a jurar fidelidad al régimen fascista y Fabbri, como profesor de escuela primaria, se negó, algo que le obligó al exilio a Francia. Tras ser expulsado también del país galo y pasar por Bélgica, se dispuso a partir para Sudamérica. En Uruguay, se dedicó sobre todo a la actividad periodística, pero destaca su labor en el periódico anarquista La Protesta, de Argentina, aunque también siguió ejerciendo de profesor. En septiembre de 1930, un golpe militar llevó a la dictadura en Argentina y toda actividad obrera fue prohibida, especialmente la anarquista, por lo que las instalaciones de La Protesta fueron clausuradas y destruido su material. Será Uruguay, un país donde se respiró un aceptable aire de libertad hasta el golpe de Gabriel Terra en 1933, donde pasará los últimos años de su vida.

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Hacerse uno mismo con los demás: ética y estética anarquista

«No nos debería concernir en absoluto la pregunta de por qué el ser humano existe, por qué ‘el ser humano’ existe: ¡pero pregúntate a ti mismo por qué existes tú: y si no encuentras respuesta, entonces construye tus propias metas para ti mismo, elevadas y nobles metas, ¡y sucumbe en el intento de alcanzarlas! No conozco mejor propósito en la vida que el de perecer en el intento de alcanzar algo grande e imposible»1.

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El diablo y la anarquía

El anarquismo ha sido vinculado a cuanta maldad en el mundo se haya podido encontrar, por un proceso curioso de inversión, quienes han tenido los mejores y mayores ideales de emancipación y libertad para la humanidad han sido tenidos por los más malos desde el mundo del Orden, de Dios y del poder dominante de cada momento. Tanto que incluso se le ha acusado de ser un movimiento satánico.

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TERESA CLARAMUNT CREUS. 94 años de su muerte

He escrito y he hablado mucho sobre Teresa Claramunt Creus (TC), en los últimos años algo menos. Mi libro sobre esta mujer tan apasionante salió a la calle en 2006 publicado por la Fundación Anselmo Lorenzo, pronto hará veinte años. Diecinueve años son muchos años y seguramente ahora rectificaría algunas cosas de ese libro, pero nada sustancial. Aquella investigación marcó mi manera de acercarme a la historia y la vida de esta sindicalista, feminista y anarquista sigue muy presente en mí.  Escribí en mi último texto que un acontecimiento lo es desde nuestra mirada, que no está en la cosa en sí, esta mujer es un ejemplo de tal afirmación.

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«Anarquismo versus liberalismo. ¿Un abismo infranqueable?» (prólogo del libro)

Suelen mencionarse como dos las corrientes políticas y filosóficas que marcan el desarrollo de la modernidad, socialismo y liberalismo; sin embargo, el engaño de tal aseveración estriba en la marginación de una que, aunque ello precise de muchos matices, puede observarse como una síntesis de ambas. De esa manera, como afirma el sociólogo Christian Ferrer, podrían ser tres las filosofías modernas con aspiración emancipatoria: liberalismo, marxismo y anarquismo; particularmente, creo que son muchas las diferencias que separan las ideas libertarias de las marxistas, mientras que de las ideas liberales no podían aceptar bajo ningún concepto que la libertad política y la justicia económica fueran irreconciliables. Es por eso que, una de las tesis de este libro, es que la anarquista es la más compleja concepción de la libertad que ha dado la modernidad. Es cierto que las ideas libertarias, proudhonianas o bakuninistas en origen, nacen o al menos se desarrollan inicialmente como una corriente socialista en la Asociación Internacional de Trabajadores, pero pensamos que van mucho más allá y una muestra de ello sería la temprana ruptura con la rama marxista, por incompatibilidad entre medios y fines, por realizar la doctrina de Marx demasiado hincapié en la liberación obrera, pero también por la fe que depositaban los libertarios en la autonomía individual y en el criterio y la responsabilidad personales.

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Érase una vez el federalismo anarquista

La historia de las federaciones y confederaciones anarquistas nos acerca a repasar distintas experiencias en el pasado que han practicado uno de los elementos básicos integrantes del anarquismo: el federalismo. La herramienta que pretende asegurar el funcionamiento con autonomía la unión de comunidades autogobernadas. Ese principio federativo lo instaura Pierre-Joseph Proudhon como forma de organización social, y después Mijaíl Bakunin lo define mejor como forma de organización política.

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Reflexiones sobre la propiedad (con perdón)

Como a día de hoy, todavía, es posible escuchar de boca de algunos anarquistas que están en contra de la propiedad privada, esta aseveración me suscita no pocas preguntas y reflexiones. Uno es así de terco. Hay quien afirma que el anarquismo moderno nació como una corriente socialista, que a diferencia de otras no consideraba la libertad como algo dispensable y que proponía la colectivización de los medios de producción para participación y disfrute de todas y todos. Niego la mayor, uno considera desde su alabada ingenuidad que las ideas anarquistas (mejor en plural) son también herederas del liberalismo. Se me ocurrió, recientemente en cierto evento libertario, recordar aquella declaración del bueno de Rudolf Rocker, cuando sostuvo que se trataba el anarquismo de la síntesis de las dos grandes corrientes de la modernidad, socialismo y liberalismo, y observé con estupor cómo se torcieron varios morros entre aquel granado público. Recordemos, está muy bien indagar en la historia y aprender un poquito de ella sin ese detestable dogmatismo anclado en el pasado, algunas de las propuestas ácratas sobre el trabajo y la propiedad. Así, una de ellas es la que recibió el nombre de colectivismo, según la cual el productor debía tener todo el derecho a la propiedad de los bienes de consumo, ya que los mismos serían un garante de la libertad individual. Una vez escuché hablar de un anarquista de primera generación, no recuerdo el nombre, que ante el enfrentamiento con los marxistas, afirmó que esa gente, con sus prácticas autoritarias, iban a conseguir que las personas odiaran el término comunismo.

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