Desde que creo recordar, y no digo tampoco que mi memoria sea prodigiosa, he tenido una aversión manifiesta a toda clase del llamado culto a la personalidad. Incluso, he de aclararlo, dicho rechazo pienso que se producía antes de abrazar mi todavía joven yo, de manera lúcida, el anarquismo. Al menos a un nivel político, dicho concepto se manifiesta en forma de toda clase de halagos, elogios y el peloteo más deplorable hacia el considerado líder de un sistema, ideología y/o revolución (palabra mil veces pervertida por el autoritarismo y la subordinación). Más adelante, y de modo más inquietante para cualquier naturaleza mínimamente libertaria, veremos que el mecanismo no es exclusivo de regímenes totalitarios o explícitamente autoritarios. No obstante, como resulta evidente, es en esta clase de sistemas donde de forma más clara, grotesca y patética se desarrolla a través de una serie de técnicas, propagandas y manipulaciones diversas. Esta suerte de papanatismo extremo a menudo se confunde con el mero patriotismo que tanto inculcan desde la cúspide de las pirámides nacionales, y con el intencionado reforzamiento de un determinado régimen, sustentado en esa abstracción perniciosa llamada nación, vendido como benévolo. Vamos acotando un poco más, ya que podemos comprobar con este último razonamiento que el repulsivo fenómeno no se limita a ciertos regímenes donde la represión es clara, ya que se fomenta la sumisión en la cabeza visible del líder, pero hay otros rasgos que también se producen en otro tipo de sistemas aparentemente democráticos y liberales. Mucho tiene que ver ese pueril, crédulo, bobalicón y pazguato culto a determinadas personalidades con la aceptación acrítica de la autoridad y con la idea de las diferencias de clase o de cualquier otra índole en las sociedades humanas. Veamos si me explico con detalle antes de que salten los bodoques habituales. En primer lugar, no se niega en absoluto la valía de ciertas personalidades, en el campo de la actividad humana que sea, pero hay que insistir en que a menudo ese empeño está directamente relacionado con el trabajo colectivo de muchos otros. Tal vez, aceptando eso, podamos empezar a comprender dos cuestiones que deberían resultar obvias: una, que no es posible elevar a los altares sin más a un solo individuo, ni siquiera en un único ámbito; otra, que no existe nadie totalmente inmaculado, y mucho menos a nivel moral, que a la postre resulte inmune a todo forma de crítica.
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Sin dirección ni centro
Descentralizados, sin líderes, sin dirección… Suena fenomenal en mis orejas1. Pero no surgen del humo, sino de 15 años de movilizaciones previas. Han creado en esa y otras ciudades una cultura de movilización, de conflicto con el poder, de rechazo a los líderes. Y es que a las masas les va dando grima entrar en las organizaciones formales. Prefieren entrar en situaciones indignantes. Eso ha pasado en Minneapolis.
Hay quienes opinan que en el caso de Minneapolis, solo se han manifestado masivamente tras el asesinato de Renée Good en enero de 2026. No es así. Es que la memoria es corta. Manifestaciones masivas las hubo tras el homicidio por estrangulamiento a manos de un policía de George Floyd en 2020. Se siguieron protestas en 2021 con el asesinato de Daunte Wright por un disparo policial. Y más incidentes que tal vez no han traspasado las fronteras del municipio, pero que allí han conmocionado y producen movimientos colectivos.
Seguir leyendo Sin dirección ni centroCuerpos que andan sin cabeza, y no son de película
Estaba hablando el otro día (1), de los movimientos acéfalos, sin dirigentes, en los que miles y miles de personas salen a la calle a enfrentarse con lo que haga falta. En los últimos años estallidos de esos los ha habido por doquier, y contra gobiernos de todo tipo: Primaveras árabes, Occupy Wall Street, 15-M, Chalecos Amarillos, Euromaidán, protestas de 2019–2020 en Hong Kong, en Nepal contra la monarquía, Nicaragua, Chile, Venezuela, Irán, Sudán, Etiopía, Sudáfrica, Indonesia, Uganda… Me pasan las imágenes como en un tiovivo. Ya sé que muchas cosas que nombro te rechinan, hay movimientos que no te gustan, qué se le va a hacer. Incluso el asalto al Congreso de los EE.UU., llevado a cabo por partidarios de Donald Trump pueden entrar en la lista de movimientos que no tienen una directriz clara… Sí, ya lo sé, Donald Trump los instigaba…
Seguir leyendo Cuerpos que andan sin cabeza, y no son de películaSobre creencias, absolutismos y otros despropósitos
Los más sesudos aseguran que vivimos en una época llamada posmodernidad, algo tal vez ignoto para gran parte de los mortales. Esto es, valga la perogrullada, una sociedad en la que las características de la modernidad ya no tienen vigencia. Es más, las promesas que tuvieron su punto de partida en la Ilustración, con la confianza exacerbada en el Progreso, en la Razón y en la Ciencia -el uso de las mayúsculas no es casual-, que nos acabarían conduciendo al paraíso terrenal, obviamente, no han tenido lugar. No solo eso, sino que es tal vez el siglo XX uno de los que mayores horrores ha producido, si no el que más, precisamente, gracias al «progreso» científico, pero sobre todo a poderes autoritarios muy concretos, que han sabido usarlos en su provecho. Las cabezas pensantes defensoras de esta llamada posmodernidad se congratulan de que demos por periclitada a la época moderna, la cual consideran que ha supuesto una continuidad de la creencia dogmática en forma secularizada. Si antes, las barbaridades se hacían en nombre de un Absoluto denominado Dios, acabamos sustituyéndolo por otros secularizados, como los anteriormente mencionados, de ahí la inicial mayúscula. Desde este punto de vista, muy generalista, podríamos estar incluso de acuerdo con los postulados posmodernos.
Seguir leyendo Sobre creencias, absolutismos y otros despropósitosEl esperpento que sufrimos todos
Me resistía a escribir algo sobre algo el tema o debate, que ha estado en el candelero (o candelabro) a lo largo de esta semana en este inefable Reino de España. Al final, va a resultar inevitable, ya que a pesar de encontrarme habitualmente a infinita distancia de la mediocridad, yo mismo termino por caer en algunos lugares comunes. Me refiero, claro, a lo de las jornadas en Sevilla sobre la guerra civil española organizadas por ese ser humano incalificable, que ha debido nacer en un siglo equivocado, apellidado Pérez Reverte. No hacía falta demasiado derroche intelectual, ver de entrada al convocante, comprobar que el evento se denominaba La guerra que perdimos todos y repasar a los asistentes llevaba, ni siquiera a hacer saltar todas las alarmas, simplemente a arrojar al vertedero el asunto. Sin embargo, la cosa entró en la polémica y terminó por saltar por los aires cuando uno de los asistentes, un joven y exitoso escritor llamado David Uclés, decidió renunciar a ir al comprobar algunos nombres convocados; era el caso del repulsivo e inicuo expresidente del gobierno, José María Aznar, junto a uno de los fundadores de la ultrarreaccionaria fuerza política Vox, Iván Espinosa de los Monteros. La excusa del barbado literato, al parecer con un best-seller precisamente sobre el conflicto civil y social español, fue que no podía compartir mesa con unos tipos que, busco el texto liberal, «habían quebrado los derechos fundamentales del ser humano», con algún añadido como el daño que había producido Aznar o que Espinosa de los Monteros había sido uno de los artífices de «un partido que atenta contra los valores por los que lucho» (grandilocuente cita textual). Al poco de la renuncia de Uclés, otros como Antonio Maíllo, coordinador de Izquierda Unida, también se negaron a asistir. Diré de entrada que resulta francamente cuestionable la pose final de los que ahora, tras la polémica que ya se avecinaba, se bajan del carro llenando titulares. Es decir, no hay quien se crea que todos los convocantes no conocieran los detalles de las jornadas, empezando por el indignante título, que equipara a ambos bandos en litigio, y terminando por el listado de asistentes (que, por cierto, hay de todo; desde gente que no sé qué pinta ahí hasta algún historiador serio como Julián Casanova).
Seguir leyendo El esperpento que sufrimos todosVencidos entre los vencidos, olvidados entre los olvidados
Es recurrente la afirmación, especialmente en el mundo libertario, de que los anarquistas constituyen los olvidados entre los olvidados. Así es, en un país donde venció el fascismo, y cuando los actos sobre la memoria histórica se esfuerzan especialmente en buscar efemérides que idealicen la Segunda República, pocos realizan una mirada razonablemente objetiva y mínimamente Seguir leyendo Vencidos entre los vencidos, olvidados entre los olvidados
La dictadura iraní y la hipocresía de Occidente
El régimen de los ayatolás es uno de los más autoritarios y repulsivos en la actualidad, algo que tarde o temprano debería saltar por los aires y perdón por la violenta metáfora, yo que soy contrario a cualquier agresión militar interesada como las que perpetra ese defensor de la libertad y la democracia que es Estados Unidos. Desde el inicio de la conocida como revolución islámica en Irán, toda oposición al régimen ha sido brutalmente sofocada y las ejecuciones se han sucedido, solo en 2025 se habla del asesinato institucionalizado de más de mil personas. Desde finales del año pasado, debido a las crisis económica, la falta de libertades y la carestía general de la vida, las manifestaciones se están sucediendo en el país; las autoridades iraníes, una vez más, han llevado a cabo una cruenta represión. La gente está reclamando cambios radicales y desde aquí mi más sincero apoyo para ello, que ojalá tome un rumbo al margen de toda clase dirigente. No es posible hablar solo, como realizan algunos, de un tibio «legítimo derecho a la protesta del pueblo iraní» para acto seguido criticar a otros regímenes. Hablando claro, el de Irán es un régimen ferozmente autoritario, el cual restringe libertades fundamentales como las de expresión, asociación o reunión; produce una discriminación y violencia sistemáticas sobre mujeres, niñas, personas de condición sexual diversas y también sobre minorías diversas. Aunque la comunidad internacional ha permanecido mucho tiempo en silencio, o ha sido muy tibia en sus protestas, organismos de defensa de los derechos humanos sí han denunciado que infinidad de personas son detenidas arbitrariamente, torturadas y procesadas con penas crueles e inhumanas. En un mundo estúpidamente mediático, con intereses por parte de unos u otros, hay que dejar clara la repulsa a todo régimen autoritario y a la vulneración de los derechos humanos y las restricción de la libertad, en todos los aspectos, de las personas en cualquier lugar del mundo.
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«—Esta es tu última oportunidad. Después de esto, no hay vuelta atrás. Tomas la píldora azul: la historia termina, te despiertas en tu cama y crees lo que quieras creer. Tomas la píldora roja: te quedas en el País de las Maravillas y te enseño lo profunda que es la madriguera del conejo».
Morfeo, Matrix (1999).
Ante la creciente ola de «utopismo digital», habrá que preguntarse ¿qué tienen en común la gimnasia con la magnesia? O, para el caso que nos ocupa, ¿qué relación existe —en el sentido que sea— entre la inteligencia artificial (IA) y la Anarquía? Según la filósofa Catherine Malabou tal relación «se ve reflejada en el surgimiento de la replicación anárquica en la inteligencia artificial».1 Para la autora de ¡Al Ladrón! Anarquismo y Filosofía, la IA abre la posibilidad de «construcción de un futuro anarquista en este nuevo paradigma tecnológico».2
Seguir leyendo Coordenadas anárquicas en la era de la inteligencia artificialLa lucha por la «libertad» de Estados Unidos
Resulta lamentable ver cómo personas salen a la calle alborozadas, envueltas en su bandera, celebrando que hayan bombardeado su país. Ello, por mucha dictadura que exista en el mismo, y vamos a dar por hecho que en Venezuela el chavismo, supuesta revolución socialista, fracasada en cualquier caso, ha tenido una intolerable deriva autoritaria que cierta izquierda se ha negado a reconocer. Desgraciadamente, esta polarización descerebrada, que tantos fomentan a diestra y siniestra, es lo que conduce a que muchos supuestos sapiens, por algún extraño mecanismo mental, sean incapaces de condenar el autoritarismo venga de donde venga y luchar, al menos, por las libertades más elementales. Así, observar las iniquidades imperialistas de Estados Unidos, considerarlo el mal absoluto, conduce inexplicablemente a algunos a alinearse, de forma directa o indirecta, con regímenes como el de Rusia, o incluso China, mientras que se mira hacia otro lado ante la situación, por ejemplo, de la dictadura cubana, cuyo fracaso político, moral y económico no es solo culpa del bloqueo estadounidense. La lúcida condición ácrata, aderezada con algunos toques nihilistas, es lo que tiene, que te hace ponerte de lado de las víctimas de la opresión política en cualquier lugar del mundo, al mismo tiempo que se denuncia con fuerza, tanto esa práctica revolucionaria autoritaria que no ha llevado a ninguna parte, como la explotación característica de este sistema económico globalizado que padecemos. Al parecer, no es posible exigir lo mismo a todo el mundo. Aceptado que el autoritarismo, suavizado por una retórica opuesta al imperalismo yanki, que inexplicablemente se mantiene hasta nuestros días, es siempre denunciable y no supone una alternativa socialmente transformadora hacia algo más justo, vamos a poner el foco en ese adalid del mundo libre que son los Estados Unidos de América.
Seguir leyendo La lucha por la «libertad» de Estados UnidosBakunin, Necháyev y censura
La editorial Imperdible me pidió una Introducción para el tomo 7 de las Obras Completas de Bakunin que están publicando. Pensé que tenía plena libertad para enfocarlo como yo quisiera puesto que es un texto firmado y, yo y solo yo, soy la responsable de dicha Introducción.
No ha sido así, la notificación de que no iban a publicar el texto es para mí seña inequívoca de censura, no obstante, su correo lo tenéis al final del texto y que cada cual lo valore como considere oportuno.
Censurar un escrito porque no coincide con su interpretación de Bakunin acerca del papel de las mujeres en la revolución no pensaba que fuera motivo para la censura, pero ha resultado que sí.
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