Andan algo agitadas las aguas “libertarias”, con posiciones aparentemente antagónicas, lo cual no sabemos en estos momentos si es algo malo o bueno. Me explico y no voy a nombrar, ni personas, ni organizaciones, incluso voy a tratar de eludir etiquetas (habitualmente, tan estériles, a veces inevitables); allá cada cual con lo que quiera identificarse. En primer lugar, diré que lo que caracteriza a los ácratas, a cualquiera de ellos, es el deseo y el trabajo por la transformación social, por la ansiada revolución; si hay alguien que, dentro de esta polémica que voy a atajar a continuación, cuestiona esto dentro del mundo libertario con estúpidos calificativos al contrario de “sistémico” o “reaccionario”, pues sencillamente, y ya voy a traicionarme con lo que dije anteriormente, es un botarate (o dogmático, suelen ir unidos ambos calificativos) de padre y muy señor mío. El quid de la cuestión, lo que suscita y debe suscitar un amplio debate, es cómo se debe producir esa revolución, cómo podemos dirigirnos hacia ella dentro de determinados proyectos y paradigmas organizativos. Y es que han surgido en los últimos tiempos, nada originales tampoco en sus planteamientos, nuevas organizaciones que parecen añorar la revolución, tal y como se propugnó en la modernidad, con su sujeto central revolucionario, su combate a la inicua burguesía y al capital, así como su (posible, poco probable dados los nuevos tiempos) organización de masas que conduzca mañana a ese gran evento transformador que todo lo cambie para siempre. De esta manera, estas organizaciones de nuevo cuño parecen recoger cierto testigo histórico, sin excesivo calado en el anarquismo moderno (como resulta lógico, y estamos hablando de hace más de un siglo), y propugnar una estrategia de unidad dentro de esta organización de masas para insistir, como paradigma principal (histórico y social), en la lucha de clases y en el poder popular. Bueno, en realidad, recuperar esa lucha de clases, ya que estos activistas suele insistir en que la misma, la verdadera, ha sido apartada por otras luchas identitarias como uno de los rasgos principales de una posmodernidad de la que echan pestes.
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Anarquismos en la encrucijada
Tomás Ibáñez
Lo admito, estoy cabreado, muy cabreado, y eso explica que haya reaccionado tan abruptamente ante algunos textos provenientes del sector plataformista, o especifista como ellos mismos prefieren denominarse, y que haya proferido expresiones tan agresivas como las de calificarlos de “anarquismos cavernícolas, retrógrados, y reaccionarios”1
Estoy cabreado porque siempre me ha parecido deleznable que en las controversias se vaya “a por la persona” del contrincante, atribuyéndole determinados rasgos o características para descalificar sus posturas y sus argumentos, y eso es precisamente lo que se hace en escritos como los de Miguel Brea, del colectivo especifista madrileño Liza.2
Seguir leyendo Anarquismos en la encrucijadaLa teoría no transforma la realidad
Es muy frecuente escuchar lo ignorantes, simples y «cortos» que son los grupos, líderes y votantes de la extrema derecha (o fascismo, postfascismo o términos similares). No voy a entrar ahora en la cuestión conceptual sino en los calificativos aplicados a dicho sector político. Que los ignorantes y tontos coman la «tostada» a los listos e inteligentes es un misterio que se achaca siempre a los medios de comunicación, redes sociales y demás herramientas para «comer el tarro» a la masa acrítica y que no digo que no tenga su importancia.
Seguir leyendo La teoría no transforma la realidadLa Plataforma organizativa y las consecuentes respuestas anarquistas
Los anarquistas fueron, quizá, los primeros en denunciar el sistema burocrático y totalitario consecuencia de la Revolución rusa, que acabó con toda oposición, y los mismos libertarios sufrieron la represión. A pesar de todos los mitos que se produjeron en los años posteriores, llegando todavía hasta el día de hoy, la verdad estaba accesible para quien quisiera conocerla; precisamente, para una auténtica sociedad libre de explotación, es necesario insistir en esos hechos históricos donde se confió, incluso de manera exacerbada, en el autoritarismo. En 1905, en un primer momento revolucionario en Rusia, los anarquistas saludaron con entusiasmo el levantamiento espontáneo de las masas, en el que creyeron ver una plasmación de las ideas de Bakunin; sin embargo, no se produjo un movimiento libertario cohesionado y, después del fracaso revolucionario y de la consecuente represión, entrarían los anarquistas en un letargo hasta 1917. El fin de la monarquía, y el posterior derrumbamiento de la autoridad política y económica, hizo confiar a los ácratas en que el momento definitivo ya había llegado: se emprendió la tarea de acabar con el Estado y de dejar los medios de producción, campos, fábricas y talleres, en manos del pueblo. En la etapa de la insurrección y de la guerra civil, los anarquistas intentaron con todo su empeño llevar a cabo su programa de «acción directa»: control obrero de la producción, creación de comunas libres en el campo y en la ciudad, combate sin cuartel contra los enemigos de la sociedad libertaria… Desgraciadamente, frente a los intentos de construir una sociedad de libertad e igualdad plenas, la imposición bolchevique condujo a un nuevo despotismo levantado sobre las ruinas del viejo.
Seguir leyendo La Plataforma organizativa y las consecuentes respuestas anarquistasRafael Spósito y los sediciosos despertares de la anarquía
Rafael Spósito (1952-2009), nacido en Uruguay, quizás más conocido por el seudónimo de Daniel Barret utilizado en sus escritos a partir de 2001, fue un sociólogo, periodista, profesor universitario y militante anarquista desde los 15 años. Participó en diversas experiencias autogestionarias y de democracia directa (estudiantiles, barriales, sindicales…), algunas relacionadas con la educación en barrios populares, y también en innumerables prácticas específicamente anarquistas; asimismo, colaboró en varias publicaciones ácratas, como ¡Libertad!, de Argentina, El Libertario, de Venezuela, o en la uruguaya Tierra y Tempestad.
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El fin de la arrogancia: Descentralización y organización anarquista
Durante demasiado tiempo, los proyectos anarquistas han sido mal gestionados por arrogantes fantasías de masas. Hemos adoptado inconscientemente la creencia estatista, capitalista y autoritaria de que “más grande es mejor” y que debemos adaptar nuestras acciones y grupos hacia este fin. A pesar de nuestro entendimiento intuitivo de que las grandes organizaciones rara vez logran más que Seguir leyendo El fin de la arrogancia: Descentralización y organización anarquista
Anarquismo: Organización vs. autoridad
La organización, elemento siempre considerado en la filosofía anarquista como imprescindible para la revolución, ha tenido también su contraparte en quienes piensan que todo tipo de organización afecta la libertad del individuo haciendo de él un ente que no cuenta en la organización. No ha sido poca la tinta que ha Seguir leyendo Anarquismo: Organización vs. autoridad
El anarquismo y el federalismo
La palabra Federación, del latín foederare (unir por medio de una alianza), es un concepto organizativo donde diversas entidades se unen conservando su autonomía.
En el anarquismo la federación ha sido un tema fundamental desde los tiempos de Proudhon. Y lo es precisamente porque ese tipo de organización es lo que va más de acuerdo con los conceptos de Seguir leyendo El anarquismo y el federalismo




