Archivo de la categoría: Auge y fin del capitalismo

El anarquismo práctico y la utopía concreta

Miquel Amorós

Presentación de la revista Redes Libertarias nº 5, en el Ateneu Enciclopèdic Popular (Barcelona), el 18 de junio de 2026.

La puesta en tela de juicio de todo lo que el pensamiento burgués ha tenido por venerable (la propiedad privada, el Estado, la autoridad, la política, el derecho, el dinero, el género…) no conduce forzosamente a la multitud hacia un cuestionamiento generalizado de la dominación. Por más subversivas que parezcan, las ideas no conmueven a las masas adormecidas, resignadas o atemorizadas, por lo que no pueden convertirse en fuerza práctica. Para superar el foso conformista, hay que volver a empezar despertando, recobrando el ánimo, perdiendo el miedo. Creando lectores, “tejiendo” afinidad, agrupando voluntades, predicando con el ejemplo. Cuando las condiciones subjetivas y objetivas de realización del socialismo no son halagüeñas, cuando las fuerzas materiales e intelectuales capaces de lograr un cambio social profundo no afloran en magnitud suficiente, la negación radical de lo existente adquiere connotaciones utópicas. La dimensión utópica del pensamiento crítico es un antídoto contra el derrotismo, porque si bien refugia el deseo de una vida libre en la imaginación y el sueño en espera del momento favorable, también plantea realizarlo parcialmente en forma de proyectos comunitarios viables. Cuando ninguna propuesta revolucionaria es inmediatamente practicable, la utopía se revela como lo más pragmático.

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Sobre el fútbol (y otras reflexiones existenciales)

Ayer mismo, paseando por la capital de este inefable Reino de España en busca de algún evento cultural de interés, no pude evitar cruzarme con un buen número de gentes ataviadas con una camiseta roja adornada con el (para uno, más que rechazable) emblema nacional. Mi estupor me llevó a terminar por enterarme de que estos días se está celebrando un torneo mundial de ese deporte balompédico que tanto furor, en ocasiones adornado con una buena dosis de irracionalidad e incluso violencia física, causa en las masas. Como al que suscribe le resulta ajena la pasión por semejante actividad futbolística, máxime cuando entran en competición las llamadas selecciones nacionales, no pude evitar preguntarme a qué mecanismo alienante obedece el sentirse alborozado cuando un tipo, que supuestamente ha nacido en tierras próximas, introduce una bola en red. El máximo estado de felicidad lo alcanza el aficionado cuando ese grupo de multimillonarios, al que peculiarmente llama compatriotas mediante alguna enajenada conciencia exenta de clase, acaba logrando un sonado triunfo. De acuerdo, uno es un irreductible ácrata algo nihilista, cuya única patria asumible resulta ser el conjunto de esta especie peculiar llamada sapiens en nombre de eso tan denostado llamado fraternidad universal, condición que le empuja a soltar, tal y como reza el título de este lúcido blog, un exabrupto tras otro. Se me dirá, claro, que exagero, que el personal solo quiere disfrutar de un inofensivo rato deportivo adoptando una determinada identidad colectiva mediante una serie de símbolos (himno, bandera…). Pero, yo me pregunto si ese fenómeno de la enajenación patriótica, que a mí me da la gana de denominar así, puede producirse solo de forma momentánea o más bien es algo permanente. Es decir, ¿no se trata acaso del mismo mecanismo que en tantas ocasiones lleva a vestir un uniforme y portar un arma para enfrentarte con el que ha nacido más allá de una artificial frontera? Sí, efectivamente, exagero.

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Convergencias peligrosas

«El poder político del Estado […] es la polis, la policía, es decir, la vigilancia».
Paul Virilio, Speed and politics.

La hipótesis en circulación es que los gigantes tecnológicos exigen soberanía. Esta presunción tiene su origen en la proliferación de «ciudades flotantes» y «startup cites»: enclaves con absoluta soberanía empresarial gestionados por tecnolordes de las grandes corporaciones de tecnología financiera (Fintech), criptomonedas y biotecnología, y operadas por sus propios sistemas judiciales, fiscales y de seguridad. Entre las startup cites más destacadas en América Latina están Guadalajara (México)1 y Medellín (Colombia).2 Sin embargo, si bien en estas ciudades existe un crecimiento significativo de empresas en la industria de las tecnologías de la información y startups de robótica y bio y nanotecnología, aún distan mucho de ser «ciudades-empresas soberanas» o «territorios semiautónomos», como sucede en las llamadas Zonas Especiales de Desarrollo Económico (ZEDE). Quizá, el ejemplo más sugerente para ilustrar como operan esas ciudades privadas sea Próspera en la República de Honduras. Esta startup city, desarrollada en la isla de Roatán en el Golfo de Fonseca, está vinculada a Thiel Capital y el ecosistema de inversores Founders Fund de Silicon Valley liderado por Peter Thiel3, con régimen tributario independiente del Estado hondureño y plena soberanía regulatoria.

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Albania, convirtamos el «fin de la historia» en un esperanzador futuro

Capi Vidal

Hace varias semanas que Albania empezó a estar en el candelero por las masivas protestas diarias de la población ante un hecho intolerable como era el proyecto de complejo turístico de lujo en una zona considerada como una de las más sensibles del Mediterráneo. Al parecer, Ivanka Trump, hija del inicuo y enloquecido presidente actual de Estados Unidos, encaprichada de la región, realizó ya a principios de este año 2026 una visita al país acompañada de un equipo de arquitectos para examinar lo que iba a ser el emplazamiento de un proyecto urbanístico que llevaría a cabo la empresa de su marido. El complejo turístico abarca una zona deshabitada por seres humanos, la isla de Sazan, rodeada de un parque nacional marino biológicamente muy rico, pero también zonas costeras de la península. Una visita reciente al país me ha hecho constatar dos cosas: una, que la concesión del proyecto al yerno de Trump parece un hecho ya imparable como ejemplo de un país que están convirtiendo en un acomodo turístico, con una perversa concepción del “progreso” a costa de la población y el medioambiente; la otra, que las manifestaciones no son únicamente por este hecho concreto, tal vez la gota que ha desbordado el vaso, sino como críticas indignadas ante un sistema corrupto sometido a cruentas políticas neoliberales. Y ello a pesar de encontrarse en el gobierno desde 2013 un Partido Socialista (también al frente del país entre 1997 y 2005), para mayor sorpresa, heredero del Partido del Trabajo, la única fuerza política durante el periodo comunista.

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Cuba abre sus puertas (al capitalismo)

Hay quien sostiene, o al menos lo hacía hasta hace no tanto, que no se puede juzgar el régimen cubano solo por haber visitado la isla un corto periodo como turista. Dicha argumentación sonaba a subterfugio para seguir manteniendo el mito de la revolución cubana, a lo que se unía el bloqueo estadounidense como motivo principal para la intolerable pobreza de la población. El caso es que la primera vez que visité Cuba fue a mediados de los noventa, estando todavía la sociedad bajo las secuelas del denominado «periodo especial» cuando el colapso de la Unión Soviética a principios de la década, de la que dependía económicamente en gran medida, llevó a una crisis profunda. Sin embargo, décadas después, no parece haber salido de dicha etapa de profundas carestías, mientras que el régimen se enrocaba en el autoritarismo con una retórica pertinaz de defensa de una supuesta revolución estancada (más bien, fracasada y no solo por factores externos). Aquella estancia mía (sí, corta), fue tal vez el punto de inflexión para terminar desengañarme sobre un sistema, que una vez quise pensar que no era tan cruento y represivo como otros regímenes con alguna esperanza de construir una verdadero socialismo, pero que en realidad escondía una triste realidad muy similar. Ya lo he manifestado muy a menudo, como devastadora crítica, que se podía resumir en una intolerable falta de libertades, una alarmante ineficacia económica del Estado y, a pesar de la propaganda del régimen, una ausencia total de gestión por la sociedad civil en todos los ámbitos de la vida. No sé si, a estas alturas, defensores de la revolución cubana seguirán sosteniendo que mis opiniones son las de alguien que no conoce aquella sociedad, que solo la ha visitado como turista. Lo cierto, sin querer presumir de unos grandes conocimientos, es que tengo familiares en aquel país, conozco a infinidad de cubanos con sus particulares circunstancias y procuro, creo que sin tener sospecha alguna de querer favorecer la depredación capitalista, estar bien informado al margen de proclamas y simplezas.

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El extractivismo humano detrás de la IA


Laura Marajofsky – Pikara

El trabajo esclavo para entrenar a los chatbots y que parezcan humanos se invisibiliza para ocultar las contradicciones de esta industria. Mientras quienes consumimos IA nos hacemos más conscientes de lo que implica, las personas trabajadoras se organizan para luchar contra la precarización extrema.

Gemini o Claude responden “como humanos” y este “como” es clave. Para que esto sea posible hay cientos de personas trabajando en producir datos para esos modelos: creando listas de verificación que definen si una respuesta de chatbot es buena o mala, calificando esas anotaciones, determinando cuáles son las mejores respuestas, y hasta explicando cada paso que dieron para llegar a este resultado ideal y produciendo un «rastro de razonamiento» para que la IA lo siga más adelante cuando se encuentre con una tarea similar.

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El capitalismo sueña con un mundo sin democracia

Algunas de mis últimas lecturas1 reflejan mi interés por la evolución de un capitalismo que lleva tiempo transformándose hacia posiciones de radicalismo de mercado (algunos le llaman anarcocapitalismo, otros, realismo capitalista, neoliberalismo, etc.). Esta evolución lleva a que los defensores de dicho radicalismo de mercado sueñen con acabar con la democracia, de ahí la utilidad de la extrema-derecha para sus propósitos. Pero van más lejos, consideran que la nación-Estado ya no es útil y que hay que volver a una especie de feudalismo del siglo XXI del que ya hay modelos, «zonas», que plasman el deseado feudalismo2.

Si alguien piensa encontrar aquí una defensa de la amenazada democracia liberal, no lo va a encontrar. Sin embargo, la democracia anárquica que plantea Donatella Di Cesare pudiera ser un punto de partida para quienes escribimos desde planteamientos anarquistas3.
Este plan de lecturas me lleva por caminos, a veces, poco trillados como es el caso del libro de Quinn Slobodian4 del que vamos a hablar en este escrito-reseña-peculiar. El planteamiento de este autor gira en torno a unas ideas que tratan de clarificar las claves del título de su libro: el capitalismo debe fragmentarse para conseguir facilidades monetarias, eliminación de normativas legales de cada país, fin de los gastos sociales y privatización de cualquier cosa que genere beneficio. Por tanto, el mercado no debe ser limitado de ninguna manera posible y la democracia es una rémora para esas posiciones radicales.

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Entrevista a Alberto Cordero, autor de «Políticas del castigo. Una anatomía del auge punitivo»

Briega

En un contexto global marcado por el endurecimiento penal, la centralidad de la policía en nuestras vidas y el auge de discursos autoritarios, el libro Políticas del castigo. Una anatomía del auge punitivo irrumpe como una intervención militante contra el sentido común punitivo. Lejos de una aproximación académica neutral, el libro se posiciona como una herramienta crítica para pensar el presente y abrir horizontes antipunitivistas.

Muchas gracias por tu disponibilidad, Alberto. Para comenzar, un poco de contexto personal. En un momento donde cuestionar el castigo parece ir a contracorriente, el texto que escribes nace como una intervención explícitamente política y que tu defines como un “libro militante “¿Qué urgencia política o personal te ha llevado a escribirlo y qué implica escribir desde esa posición y no desde la academia?

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O el Mundo Entero Como Gaza, o la Victoria Palestina (parte 2)

Manual de logística contra la extinción y defensa de la vida en la era del absolutismo técnico

Carlos de Castro

CAPÍTULO 2

El mundo entero como Gaza

“El gesto cibernético se afirma mediante una negación de todo lo que escapa a la regulación”.
— Tiqqun, La hipótesis cibernética.

Si el siglo XX desencadenó el poder del átomo, liberando las fuerzas que duermen en el corazón de la materia y generando un orden mundial cimentado en su capacidad de aniquilación; nuestro siglo XXI consuma la consolidación de un nuevo poder totalizador: el de la cibernética, fundado en la concentración masiva de información y en su pilotaje mediante el absolutismo algorítmico.

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La neurodiversidad más allá del modelo social

La liberación neurodivergente significa cambiar las bases, desmantelar un sistema que hizo que nuestra exclusión no sólo fuera posible sino rentable

Pablo – Freedom

El discurso social sobre la discapacidad cambió en algo importante: el problema no somos nosotros, sino el mundo en el que nos vemos obligados a desenvolvernos. Para las personas neurodivergentes, esto fue trascendente. Sobrecarga sensorial, normas de comunicación rígidas, lugares de trabajo diseñados para un tipo de mente, no son hechos naturales, son decisiones. Alguien construyó este mundo, y no lo construyó para nosotros.

Pero, habiendo llegado hasta ese reconocimiento, ¿por qué, décadas después las barreras persisten?

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