En uno de sus últimos artículos (ya muy mayor y deteriorado, falleció por decisión propia en julio del año pasado), Octavio Alberola venía a decir que las y los anarquistas habían sido y son los únicos, al menos sobre el papel, que han luchado contra toda forma de dominación. De esa forma, han querido sacar pecho y mostrarse como los verdaderos seres, valga el cierto neologismo, indominantes. Pero, ¿esto es verdaderamente así o, a menudo, las y los anarquistas nos mostramos igual de papanatas y tarambanas que el resto de la humanidad? Lo que el bueno de Octavio quiso evidenciar, si es que lo entendí bien, es que los ácratas en la actualidad no se mostraban a la altura de lo que pretendían ser: orgullosos sapiens inmunes a cualquier suerte de dominación. Para ello, aludía a alguna forma de déficit en la evolución del aparato cognitivo, lo cual me introduce en la teoría de cierta amiga que, visto lo visto en la deriva de la humanidad, sostiene que hay en marcha toda una involución intelectual. En otras palabras, que los que se han querido ver inmunes a la dominación, resulta que son tan vulnerables como el que más a la falta de reflexión y de autocrítica, lo cual efectivamente es un buen terreno abonado, no ya para evolución alguna, sino para cierto deterioro cognitivo. Así, se critica con fuerza las instituciones coercitivas, como son las del Estado, y se denuncia la sumisión que gran parte del personal realiza a la autoridad instituida, mientras que se obvia que es posible que los anarquistas, y sus organizaciones, reproduzcan esos mismos mecanismos que promueven la docilidad y la subordinación. Incluso, de forma más perversa, ya que insistiré en que la retórica libertaria habitual alude a una encomiable resistencia permanente ante el poder. Me sumo a lo expuesto por Octavio, es más necesario que nunca reconocer esta gran contradicción en el movimiento anarquista, ese deseo frustrado de venir a ser una especie de seres altamente evolucionados incapaces de someterse a la dominación (ser auténticamente indominantes, algo que se me antoja un poquillo utópico). De lo que no estoy tan seguro es que ello se produzca por alguna suerte de evolución cognitiva, ya que si para nada creemos a estas alturas en una finalidad de la historia de la humanidad, dudosamente vamos ahora a confiar en que la mente del sapiens esté sujeta a una fase superior en el futuro. Es más, y aunque todavía existen muchos interrogantes al respecto, desde mi nada modesta opinión pienso que no somos al comienzo del tercer milenio (me refiero a lo que se denomina nuestra era, signifique eso lo que signifique) un animal demasiado diferente a ese que produjo una especie de revolución cognitiva entre los primates hace cosa de 70.000 años.
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