Hay quien sostiene, o al menos lo hacía hasta hace no tanto, que no se puede juzgar el régimen cubano solo por haber visitado la isla un corto periodo como turista. Dicha argumentación sonaba a subterfugio para seguir manteniendo el mito de la revolución cubana, a lo que se unía el bloqueo estadounidense como motivo principal para la intolerable pobreza de la población. El caso es que la primera vez que visité Cuba fue a mediados de los noventa, estando todavía la sociedad bajo las secuelas del denominado «periodo especial» cuando el colapso de la Unión Soviética a principios de la década, de la que dependía económicamente en gran medida, llevó a una crisis profunda. Sin embargo, décadas después, no parece haber salido de dicha etapa de profundas carestías, mientras que el régimen se enrocaba en el autoritarismo con una retórica pertinaz de defensa de una supuesta revolución estancada (más bien, fracasada y no solo por factores externos). Aquella estancia mía (sí, corta), fue tal vez el punto de inflexión para terminar desengañarme sobre un sistema, que una vez quise pensar que no era tan cruento y represivo como otros regímenes con alguna esperanza de construir una verdadero socialismo, pero que en realidad escondía una triste realidad muy similar. Ya lo he manifestado muy a menudo, como devastadora crítica, que se podía resumir en una intolerable falta de libertades, una alarmante ineficacia económica del Estado y, a pesar de la propaganda del régimen, una ausencia total de gestión por la sociedad civil en todos los ámbitos de la vida. No sé si, a estas alturas, defensores de la revolución cubana seguirán sosteniendo que mis opiniones son las de alguien que no conoce aquella sociedad, que solo la ha visitado como turista. Lo cierto, sin querer presumir de unos grandes conocimientos, es que tengo familiares en aquel país, conozco a infinidad de cubanos con sus particulares circunstancias y procuro, creo que sin tener sospecha alguna de querer favorecer la depredación capitalista, estar bien informado al margen de proclamas y simplezas.
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