Hoy, en este inefable país que llamamos Reino de España, se estrena en salas comerciales el documental NAZA, que recoge la matanza sistemática de civiles palestinos por parte de las fuerzas armadas israelíes. Al parecer, de manera estremecedora, el título alude a unas palabras en hebreo (nezek agavi), usadas por el Ejército de Israel para prever la cifra de víctimas civiles en un ataque aéreo (daño colateral, lo llaman). La película, rodada en Tel Aviv por israelíes, revela también el papel de los funcionarios del gobierno en el genocidio a través de multitud de entrevistas con soldados y agentes de inteligencia. Como era de prever, el film está prohibido en Israel y sus directores han sido acusados de traición, esa palabra que tanto gusta a los gobiernos criminales usando un lenguaje repulsivamente militarista. Los responsables de NAZA han declarado que no temen tanto al gobierno, como a parte de la sociedad civil israelí, aunque me congratula conocer que también han recibido multitud de apoyo por parte de personas y organizaciones internacionales (y también israelíes). ¿Alguien, en su sano juicio moral, puede sostener que una obra así pueda estar manipulada? ¿Alguien, a estas alturas, puede dudar que lo que se está perpetrando en Gaza es una masacre, asesinato masivo, genocidio o como diablos lo queramos llamar? Parece que vivimos en tiempos muy oscuros para, sencillamente, denunciar lo que es evidente, pero ya hay situaciones que se caen por su propio peso.
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