“Quis custodiet ipsos custodes?” (¿Quién vigila a los vigilantes?)
Frank Castle era un ex-marine que, tras luchar con distinción por su país en el extranjero, volvió a casa para trabajar como un agente del FBI. Castle confiaba ciegamente en el sistema para el que trabajaba hasta que un día un mafioso asesinó a su mujer e hijos. El sistema judicial, cuya máxima es la absurda presunción de inocencia, se mostró ineficiente a la hora de darle la Justicia que tanto ansiaba y absolvió a los responsables. Por tanto, Castle, que es más listo que nadie y sabe a ciencia cierta quiénes se encontraban detrás de todo, abandonó su uniforme gubernamental, se enfundó en cuero negro con una gran calavera blanca en el pecho y, llamándose a sí mismo Punisher (“Castigador”) se dedicó a aniquilar de la manera más sanguinaria posible a todos los mafiosos que se encontraban detrás del asesinato de su familia. Y, no contento con eso, vaga por los barrios de Nueva York matando a todos los criminales con los que se encuentra. Porque ante un sistema judicial corrupto e ineficaz, la verdadera Justicia la imparte él.
Más allá de ser un tema de ciencia ficción y un genero literario, las distopías nos alertan del riesgo de un futuro configurado por sociedades totalitarias autocráticas. Así pues no es de extrañar que la gestión autocrática de la pandemia COVID-19 haya reactualizado ese riesgo y que los textos distópicos sean de tanta actualidad como profilaxis para evitarlo. No solo porque el futuro es nuestra mayor preocupación cuando lo que vivimos no nos place o nos angustia -como es el caso hoy en el aspecto sanitario, económico y relacional- sino también porque nuestra sensación de impotencia, para cambiar el rumbo de la historia, nos empuja inconscientemente a confiar en el potencial profiláctico de tales textos para cambiarlo. Y ello a pesar de ser conscientes de la imposibilidad de revertir el sentido del tiempo y de que nada permite saber con absoluta certeza lo que el futuro será. Pues, efectivamente, a pesar de no saber si las tensiones políticas y sociales provocadas por la pandemia COVID-19 y el cambio de la sociedad industrial a la digital serán para bien o mal, el hecho es que este desastroso presente nos hace temer -tanto en el plan económico como en el político, social y cultural- un futuro peor.
Erich Fromm escribió Miedo a la libertad, originariamente, en 1941; con esta obra, hizo un fundamental análisis de la relación del ser humano con la libertad, cambiante a lo largo de la historia, como demuestran las condiciones sociales y psicológicas para que emergiera el fascismo.Seguir leyendo El miedo a la libertad→
En respuesta a las últimas manifestaciones pacíficas de disidencia de finales de 2020 y de comienzos de 2021, el régimen ha anunciado la ampliación de la normativa sobre medidas de seguridad, prohibiendo las concentraciones en los barrios habaneros donde habitualmente vive y trabaja la poderosa élite cubana: las zonas de ministerios de Estado y edificios gubernamentales, así como de tiendas para turistas.
La ubicación geográfica de Canarias la coloca de forma natural en las rutas migratorias habituales para salir del continente. Su situación en el Atlántico la ha convertido también en un punto de conexión tricontinental, un lugar de paso histórico en la travesía de Europa a América. El volumen de emigración canaria fue enorme desde el siglo XVI hasta el XX y aún hoy mantiene diásporas destacables en países como Cuba, Puerto Rico o Venezuela (llamada durante mucho tiempo en Canarias “la octava isla”). La afirmación de que habían más canarios viviendo fuera de las islas que en ellas fue un lugar común a principios del siglo pasado.
2021 ha empezado con fuerza. Mientras los datos de incidencia del coronavirus siguen subiendo desde mediados del pasado mes de diciembre, la entrada del nuevo año nos ha traído a Madrid una nevada de campeonato. Tres o cuatro días de nieve (sí, sólo tres o cuatro días) nos han dejado más de dos semanas de una ciudad patas arriba. Y menos mal que ha llovido. Si bien es cierto que la situación ha sido bastante insólita y la nevada la más cuantiosa en 40 años, las respuestas de las administraciones han sido, por decirlo suavemente, lamentables. Las previsiones meteorológicas estaban ahí; las previsiones de alcaldías y comunidades, parece que no tanto.
Han pasado 6 años desde que se aprobara la LOMCE, la ley educativa vigente hasta ahora. Parece que se nos haya olvidado quien fue Jose Ignacio Wert y la continuidad que le dio al desmantelamiento de la enseñanza pública por la vía de reducir su presupuesto, aprobar la LOMCE y los primeros intentos de instalar el sistema de 3 años de Grado y 2 de Máster.
Desde hace aproximadamente un año hemos asistido a la mayor llegada de migrantes por mar a las Canarias desde la denominada Crisis de los Cayucos de 2004. La llegada de estas personas no ha sido en absoluto sorpresiva. Se veía venir y se podrían haber llevado a cabo preparativos para recibirlas de una forma decente. La previsión acerca de la reactivación del flujo migratorio hacia Canarias se remonta a dos años atrás, ante el cierre de la ruta entre Libia e Italia. Las llegadas a través del trayecto atlántico, surgido tras la llegada de la primera patera a Fuerteventura en 1995, comenzaron a aumentar progresivamente desde 2018, cuando se superaron las 1.000 personas que alcanzaron las costas isleñas (algo que no ocurría desde 2009). En el segundo semestre de 2019, la tendencia se confirmaba, pero el fenómeno pasó desapercibido para la Administración, que se ha demorado hasta este verano para habilitar espacios donde alojar migrantes. Así, la respuesta del Ministerio de Inclusión y Migraciones del autodenominado “gobierno más progresista de la historia” fue abrir siete grandes campamentos de migrantes en las islas Canarias, siendo el más grande el del muelle de Arguineguín (Gran Canaria).
Hoy todo el mundo mira con expectación la aparición de una vacuna para el Coronavirusy se ponen todas las esperanzas en una solución técnica que resuelva no solo el problema de la enfermedad, sino todos los asociados a ella. Miles de millones se han invertido en grandes farmacéuticas, se han pre-comprado vacunas que aún no existen y no se toman medidas drásticas de contención esperando que la vacuna llegue cuanto antes. Todo para que vuelva la vieja normalidad, la economía se recupere y hagamos como si aquí no hubiera pasado nada.
« (…) los movimientos no se reducen a pedir cosas, sino que son también instancias creadoras de nueva realidad, nuevos valores, nuevas relaciones sociales, nueva humanidad (…)»
Amador Fernández-Savater, Habitar y gobernar, p. 95
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