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El voto en los anarquistas

Animado por uno de los lectores, me decido a hablar un poco de los conflictos en el mundillo anarquista, y recordad esto: son y serán eternos. Desde que colectivistas, individualistas, mutualistas y comunistas libertarios se tiraron de los pelos en el siglo XIX, una larguísima sucesión de desencuentros ha producido una serie de portentosos enfrentamientos entre libertarios, que no he conocido tiempos pacíficos, nunca. Y cuando ha habido una pausa, es porque algo gordo estaba por venir. Y conste en acta, que el libertario más rojinegro del planeta, entrado en crisis de paranoia y éxtasis orgánico, cuando llega la hora de investigar, interrogar, y expulsar, es que no se anda con contemplaciones, y se salta los principios más sagrados, eso sí, por el bien de las ideas. Y entonces legalizan, contratan abogados, levantan escrituras, solicitan al Estado el CIF, echan el candao a la bicicleta, y se quean tan panchos. Es lo que podríamos llamar, la anarkisición libertaria, siempre llena de pragmatismo.

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Mujeres y anarcosindicalismo

Las mujeres han estado presentes en las actividades sindicales desde lo que podemos llamar presindicalismo (en España desde mediados del siglo XIX) hasta el anarcosindicalismo en fechas posteriores. Bien es cierto que su presencia siempre fue minoritaria respecto a los hombres y no solo porque el porcentaje de mujeres asalariadas fuera inferior al de sus compañeros.

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Cuba

La primera vez que estuve en Cuba, fue a mediados de los noventa, cuando todavía se encontraba el régimen bajo las secuelas del llamado «periodo especial». Después del colapso de la Unión Soviética, de la cual dependía económicamente, en gran medida, la isla entró en una etapa de profunda crisis empeorada por el recrudecimiento del bloqueo estadounidense a partir de 1992. En 2021, la población, harta de todo tipo de carestías, agravadas por la crisis sanitaria mundial sufrida desde año y medio, está saliendo a las calles a ejercer su legítimo derecho a la protesta. Díaz-Canel, sucesor en el poder a los Castro en el régimen totalitario, sin ninguna vergüenza, ha negado la represión, pero por supuesto ha llamado a defender la «revolución» contra los «opositores». No creo haber defendido nunca el régimen cubano, aunque cuando era (demasiado) joven todavía quería pensar que aquello era algo diferente, no tan cruento y opresivo como otros sistemas comunistas del Este de Europa, y que, todavía, había alguna esperanza a que caminara hacia el socialismo. No tardé mucho en desengañarme y, si queremos hacer una devastadora crítica, la podemos resumir en falta de libertades, ineficacia económica del Estado y ausencia total de gestión por la sociedad civil en todos los ámbitos de la vida, a pesar de la propaganda del régimen.

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Anarquismo y existencialismo

Reflexionamos sobre el pensamiento de algunos autores muy importantes para la historia del pensamiento, con el objetivo también de la transformación social, para buscar puntos de coincidencia entre el anarquismo y la filosofía existencialista; muy del gusto de las ideas anarquistas, la esencia no antecede a la existencia del ser humano, lo mismo que no existe una naturaleza que lo determine. Se dan así todas las posibilidades de un horizonte libertario.

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Religion-Estado-Muerte-Acracia

Creencias

No sé qué fulano dijo en cierta ocasión que el ser humano, si dejaba creer en esa abstracción absoluta supuestamente idealizada que denominan Dios, acababa creyendo en cualquier cosa. Lo que no se tuvo en cuenta, con semejante aseveración nada imparcial, es que la misma creencia en un ser omnipotente, infalible y, presuntamente, magnánimo sin fisuras es el mayor despropósito al que nos podemos enfrentar los seres humanos. Que nadie se ofenda, todos creemos en cosas que a los ojos de otros, seguramente, resultan disparatadas. Yo mismo, mi fe inquebrantable en que algún día podamos fundar una sociedad mínimamente digna se contradice con la cantidad de estulticia, mediocridad y papanatismo con el que nos enfrentamos a diario. Exagero, por supuesto, hay gente haciendo cosas loables, pero los inicuos, los que fomentan la subordinación y creencias de la gente, hacen mucho daño y la masa gris parece seguirles a pies juntillas. Pero, volvamos a las creencias. ¿Puede evitarse que la gente crea en abiertas majaderías y actúe de forma aceptablemente racional?

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Calles franquistas

Recientemente, el Tribunal superior de Justicia de Madrid decidió mantener el nombre de esta calle, Caídos de la División Azul, perteneciente al madrileño barrio de Chamartín. Como es sabido, la Ley de Memoria Histórica, prohíbe toda simbología de exaltación de la Guerra Civil y de la dictadura franquista; aunque igualmente conocido es que el cumplimiento de esta normativa queda dentro de un gran margen de ambigüedad y que, es mi opinión, al fascismo se le combate con otro tipo de medidas culturalmente más profundas. Sea como fuere, el cambio de denominación de la vía, hecho a instancias de la administración anterior del Ayuntamiento, quedó frustrado tras haberse llevado el caso a los tribunales a instancias, al parecer, de familiares de aquellos españoles que combatieron en el ejército de la Alemania Nazi. El argumento para mantener el nombre es que nada tuvo que ver aquello con la Guerra Civil, ni al parecer con el franquismo, y es en realidad un bonito homenaje a aquellos «voluntarios» que decidieron luchar contra el comunismo al lado de, claro, los que ayudaron a Franco a ganar la guerra.

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Reaccionarios de nuevo tipo

Hace 10 años, con las movilizaciones del 15M y el ciclo de luchas que se abrió, se caracterizaba a España como un lugar donde había una pinza que impedía el surgimiento de expresiones de extrema derecha de nuevo tipo como las que surgían en Europa. El Frente Nacional en Francia, Demócratas Suecos, Liga Norte en Italia, UKIP en Reino Unido, los gobiernos de Polonia y Hungría, AfD en Alemania, Amanecer Dorado en Grecia o el FPÖ Austriaco conformaban una amalgama diversa de propuestas desde la extrema derecha. Unos más fascistas, otros más neoconservadores, muchos homófobos, todos antifeministas. La cuestión es que había un resurgir de la extrema derecha sin que hubiese temor alguno a una izquierda revolucionaria cercana al poder, que fue el motivo principal del auge de los fascismos a principios de siglo. La nueva-vieja extrema derecha se había quitado algo de naftalina encima y se mostraba como una opción respetable, relativamente alejada de los cabezas rapadas y las palizas a inmigrantes (aun sin condenarlas), con un discurso antiélites en algunos casos y en todos defendiendo a las familias tradicionales y sus, aparentes, necesidades.

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El pragmático y lúcido Malatesta

Los amigos de la sistematización sitúan la evolución del anarquismo, del anarquismo moderno al menos, de la siguiente manera: Proudhon, Bakunin, Kropotkin, Malatesta… Después de estos nombres, no todos coinciden, e incluso parece que antes hay discrepancias sobre la importancia o aportación de según qué autores. En cualquier caso, los tres primeros nombres antes mencionados son indiscutibles para los propios anarquistas y respecto a Malatesta, parece existir controversia sobre su aportación u originalidad de pensamiento, pero es un nombre fundamental como divulgador, en cualquier caso, y por su lucidez para matizar según que aspectos excesivamente rigidos en la filosofía de sus predecesores.

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Guerras civiles (y sociales)

Recientemente, ha habido varios episodios, en este indescriptible país llamado España, que bien merecen ser comentados, aunque no dejen de ser más de lo mismo. Uno de ellos lo protagonizó el líder de la muy repulsiva diestra hispana, el inefable Pablo Casado, que soltó en el Congreso nada menos que «la Guerra civil fue el enfrentamiento entre quienes quería la democracia sin ley y quienes querían la ley sin democracia». Las irritantes y disparatadas ocurrencias de unos conservadores que poco o nada tienen de auténticos liberales. Por supuesto, la obvia estrategia de Casado pasa por, una vez más, apelar a esa supuesta reconciliación entre españoles que supuso la muy fraudulenta Transición a una democracia, que al parecer sirve para que dialoguemos pacíficamente sin que asome la sombra de la España cainita. Por supuesto, mejor aludir a un enfrentamiento abstracto entre dos Españas, que a la lucha de clases pura y dura dentro de un país atrasado, cuyo colofón fue el golpe de Estado de los generales facciosos en nombre de una forma de fascismo, pero también de la tradición más casposa y de la defensa de las clases privilegiadas. La derrota de la dignidad y la victoria fascista tuvo como consecuencia cuatro décadas de dictadura férrea, que pasó por varias etapas, desde el totalitarismo con brazo en alto hasta, sin abandonar en absoluto los tintes autoritarios, una liberalización económica que supuso la falsa prosperidad económica en nombre del capitalismo.

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Un espacio en la red para el anarquismo (o, mejor dicho, para los anarquismos), con especial atención para el escepticismo, la crítica, el librepensamiento y la filosofía en general