Vivimos en un mundo en constante crisis. Desde la crisis del petróleo de la década de 1970 hasta la pandemia de 2020, la historia contemporánea se ha descrito como una sucesión de crisis. Las crisis afloran por todas partes: en el supermercado, con el aumento de los precios de los alimentos; en los bosques, con la deforestación; en los embalses y pantanos, con la sequía; en el aire que respiramos, con la contaminación; en los telediarios, con interminables imágenes de bombardeos y niños mutilados; en los bolsillos de los trabajadores, afectados por los sueldos insuficientes; en la factura del alquiler, que ya representa, en muchos casos, más de la mitad de la nómina, y un largo etcétera. Nadie puede escapar del omnipresente fantasma de la crisis. ¿Pero, y si las crisis no fueran accidentes? ¿Y si los estados las inventaran para alterar la “normalidad” e impulsar los intereses de las élites? ¿De quién y para quién son las crisis?
Hoy, 11 de septiembre de 2026, tal y como se está diciendo hasta la saciedad en los medios generalistas, se cumplen 25 años de los atentados a las Torres Gemelas y al Pentágono en Estados Unidos. Se trata del ataque terrorista más mortífero de la historia, con casi 3.000 muertos y unos 25.000 heridos, aunque habría que extender la definición a toda agresión militar y ahí sí que las estadísticas nos dirían otra cosa sobre la infinidad de asesinatos perpetrados por gobiernos. Pero, me centraré de momento en lo ocurrido hace un cuarto de siglo. Soy poco amante de las teorías conspirativas, ya que creo que la evidencia resulta mucho más terrible que cualquiera de ellas, aunque ha habido diversas de ellas que consideran que no es posible aceptar la versión oficial del gobierno estadounidense. Hay quien asegura que no fueron los aviones los que ocasionaron las catástrofes, sino que lo que impactó en el Pentágono fue un misil, mientras que las Torres Gemelas se vinieron abajo debido a cargas explosivas por una demolición a control remoto. Se dice, o al menos se sostuvo en su momento, que las incongruencias e irregularidades eran muchas, como el hecho de que resulta imposible que un avión se acercara al Pentágono sin poner en marcha las defensas antiaéreas de la mayor potencia militar del mundo.
«Las revoluciones se cimientan sobre la memoria de las injusticias pasadas y no tan pasadas, sobre el recuerdo de los agravios y los crímenes padecidos, sobre la revancha y el castigo de las opresiones anteriores. La lucha en favor de la justicia y por un mundo mejor se nutre sin cesar del triste y ominoso recuerdo de su rostro contrario. De una memoria negada por la hegemónica». (Edgar Straehle, Memoria de la revolución, Girona, Càtedra Walter Benjamin de la UdG: Documenta Universitaria, 2020, p.14)
El título del presente texto coincide con el de una película que está bien si se ha visto, pero que resulta innecesaria para entender este escrito, pues nada tiene que ver con la película concreta, sino con lo que significa librar una batalla tras otra.
En realidad, las experiencias anarquistas y comunistas después de librar innumerables batallas contra el capitalismo son las de ir de derrota en derrota, lo cual, a la vez que podría entrañar cierta melancolía de la izquierda, sin duda refleja la resistencia y buen empecinamiento de quienes no admiten el triunfo del neoliberalismo fascista que se nos ha venido encima.
Este verano de 2026, a punto de concluir cuando escribo estas líneas, ha asistido a la publicación en medios libertarios de una serie de artículos, alguno mostrando cierto hastío sobre un debate que se considera estéril y ya obsoleto, otro algo visceral y con un tono marcadamente sarcástico (aunque no exento de valiosas argumentaciones sobre la sociedad actual), y otros tantos más bien reiterativos, que sostienen visiones contrapuestas sobre la superación del Estado y el capital hoy en día. Vaya por delante que rechazo profundamente a todo aquel que pretenda tener una opinión unívoca sobre la teoría y praxis libertarias, algo que obviamente cae en un dogmatismo que debería ser totalmente ajeno al anarquismo. Enseguida, pasaré a sintetizar algunos de estos textos recientes, por supuesto con una visión propia de lo que pienso de cada uno de ellos (no, no soy en absoluto equidistante como podrá comprobarse), pero antes me gustaría indagar en lo que pueden ser los orígenes de la polémica.
En cuanto descubrimos que habíamos acabado en la lista de organizaciones terroristas globales, escribimos, declaramos y prometimos que intentaríamos resistir todo lo que fuera posible, que no nos rendiríamos mientras existiera alguna posibilidad legal. Hemos mantenido y defendido con orgullo una infraestructura libre, confidencial, autónoma y, sobre todo, comprometida.
Para nosotras, “seguir siendo humanas” no es un simple eslogan.
Nota de acracia.org: Texto de Rudolf Rocker (1873-1958), que quiso alertar de la influencia autoritaria en los movimientos socialistas, tras el auge de los totalitarismos en Europa, y mostrar una alternativa libertaria emancipadora y autogestionaria; en la actualidad, con tanta confusión, tantos conceptos pervertidos y tantas propuestas autoritarias (revestidas a veces de cierta concepción «libertaria»), no viene mal echar un vistazo a lo que ya advirtieron los anarquistas del pasado.
Del absolutismo de la idea al de la acción
Nuestra idea sobre las causas profundas que originaron la actual catástrofe mundial, no sería exacta si se dejara de lado el papel que el socialismo contemporáneo y el moderno movimiento obrero desempeñaron en la preparación de la tragedia cultural que hoy día Seguir leyendo La influencia de las ideas absolutistas en el socialismo→
En la calle, mezclados para resistir a una infamia institucionalizada. Que desprecia y agrede a su pueblo, con cada medida. Y que después acusa a ese mismo pueblo de delincuente y terrorista. Y le manda a los tipos que apuntan. Al que dispara y mira a los ojos. Al que se ríe y disfruta. Más de 2.000 millones se gastaron en la represión de los miércoles en 2025. Mucha inversión para azotar a hombres y mujeres de más de 70.
El tipo apunta. Mira a los ojos cuando apunta. A la cara de aquel al que está midiendo.
El otro se ríe cuando apunta. Disfruta cuando dispara. Le encanta la adrenalina de salir a la calle a hacerlos correr. A esos que no tienen su sangre ni su piel. Que son otros, aunque después, en la vida pesada y escasa de todos los días, hasta se crucen en la calle, en la dura lucha de todos los días aunque sin el fierro contra el bastón, sin el gas contra la carrocería de los huesos flacos, sin el hidrante contra la consigna en la remera.
que generalizar, que siempre hay gente buena o mala, y esos habituales lugares comunes, que por otra parte no dejan de ser verdades de perogrullo. Efectivamente, no soy justo a veces en mi habitual intensidad retórica, ya que hay personas que, frente a tanta adversidad, se muestran valientemente solidarias con el prójimo. Sin embargo, cuando caigo en esa reflexión abstracta sobre este peculiar ser, supuestamente racional, que llamamos sapiens aludo a ciertos mecanismos conducentes a la más profundad incapacidad para innovar a nivel moral. Y esto lo dice uno que, en tantas ocasiones, suele hacer gala de cierto nilhilismo. Hablemos de Ceuta. Es, obviamente, un gran drama humano que en una población de más de 80.000 habitantes se produzca un flujo migratorio que casi duplique la población, algo que se dio hace poco más de un mes entre el 30 y el 31 de julio. Esta personas acceden a territorio español a nado o a pie, y gran parte son marroquíes, pero también provenientes de países en conflicto como Sudán, Malí o Somalia. Los abiertamente inicuos no tardan en hablar de invasión, según su repulsiva mentalidad militarista, mientras que trata de dejarse a un lado el hecho de que tantas personas se jueguen la vida abandonando su lugar de origen para tratar de buscar una vida mejor. No deja de ser una exacerbación puntual del mundo que sufrimos de una manera permanente. Gran parte de la humanidad sumida en la necesidad o víctima de despotismos y conflictos bélicos, sin capacidad para cambiar su lugar de origen, se ven empujadas a migrar para comprobar cómo el mezquino mundo desarrollado, ese mismo cómplice de tantas tiranías y culpable de esquilmar los recursos ajenos, les cierra las puertas.
«Seguimos en el mismo sitio y no encontramos salida: no sabemos guiar el cortejo fúnebre de lo real, del poder, de lo social mismo, implicado también en la depresión en que nos agitamos. Y es precisamente por un recrudecimiento artificial del poder, de lo real y de lo social por lo que intentamos escabullimos». Jean Baudrillard, Cultura y simulacro, 1978.
Vivimos obsesionados con futuros distópicos y escenarios de ciencia ficción mientras ignoramos que todo lo que más tememos forma parte de nuestro presente. La digitalización integral, la transformación del control, la vigilancia y la programación de la vida han cancelado la distancia temporal que separaba el presente del porvenir: la distopía ciberpunk se ha consumado. El futuro ya no es una promesa ni una amenaza. Es una condición operativa del ahora. La proliferación global de tecnologías de vigilancia inteligente, el análisis masivo de datos y los sistemas algorítmicos de decisión conforman nuestra nueva realidad. Este hecho irrefutable ha contribuido a la convulsión de la psique colectiva, propagando la ansiedad en todas las iglesias, incluidas las pequeñas sectas, del amplio Pantone ideológico. El resultado general es una imagen distorsionada de la dominación algorítmica, preñada de todo tipo de credos y —en términos adornianos— una disponibilidad social latente hacia el fascismo.
Este álbum ilustrado, creado por un colectivo de autores e ilustradores brasileños del Estudio Rebimboca, propone una introducción clara y cercana a las diferentes formas de ejercer el poder. El libro es el resultado de seis talleres que los autores realizaron con niños y niñas entre tres a diez años en Brasil. En ellos trabajaron distintos modos de gobierno y toma de decisiones y a partir de sus ideas, preguntas y observaciones, el equipo fue construyendo una narración que no pretende dar respuestas cerradas, sino abrir caminos. Como explican los propios autores, «El propósito de este libro no es dar respuestas, sino invitar a pensar. Queremos trasladar este asunto a los hogares y a las aulas, a fin de que todas juntas, peques y mayores, podamos cuestionar las cosas cómo son y reflexionar sobre cómo podrían ser».
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